2022 – Solemnidad de la Virgen del Camino

«Señora de la Esperanza y de la Vida»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Cabildo Catedral, predicador de la novena, sacerdotes, personas consagradas, laicos, queridos hermanos y hermanas todos.

Tras la celebración de la novena llegamos a festejar esta solemnidad de la Virgen del Camino en la catedral. Con todos los motivos de acción de gracias y petición, que presentamos por mediación de nuestra Madre, nos acercamos a la Mesa Eucarística de su Hijo en un tiempo singular, de guerras e incertidumbres, en el que, además, se vaticinan más dificultades y, por tanto, necesitamos ánimo, esperanza y descubrir el bien y la bondad que hay en las personas y en nuestro mundo.

Sin superar aún serios trances y sin olvidarnos de dar gracias a Dios por tanto como hace por nosotros, nos reconocemos necesitados de fuerza y esperanza para la peregrinación fatigosa por este valle de lágrimas, como decimos en la Salve.

Nos sirve de consuelo, inspiración y luz la palabra de Dios que hemos escuchado esta tarde. La profecía de Isaías amplía el horizonte existencial anunciando una nueva situación, un jardín que hace brotar sus semillas, imagen de un nuevo orden en el que imperará la justicia del Señor, el único justo.

Por medio de la Virgen María nos llega la salvación que nos envuelve con un manto que anticipa la justicia del nuevo reino y nos hace desbordar de gozo y agradecimiento por la promesa de liberación y por la alianza con Dios que no abandona nunca a su pueblo.

Este gozo que suscita la mirada esperanzada del futuro de la salvación tiene la impronta humana y divina del Hijo de Dios nacido de María, representado muerto en los brazos maternales y piadosos de la imagen de la Virgen del Camino, aunque sabemos por la fe que está vivo y glorioso.

Él aprendió sufriendo a obedecer. Nosotros podemos aprender, no porque busquemos el sufrimiento. Cuando nos llegue el dolor, que sabemos llegará, que no se nos enturbie el amor ni se nos nuble la paz, como dice la poeta.

En medio del dolor hay que buscar la luz del sentido de la vida que Cristo nos ofrece para vivir intensa, apasionadamente y hasta con la alegría del corazón en cualquier circunstancia.

Jesucristo, derramando desde la cruz el amor infinito del Padre, nos obtiene la vida eterna y nos entrega como Madre a su Madre, piadosa, dolorosa, angustiada, afligida, llena de tormentos a causa del Hijo y de los hijos que sufren, pues todos estamos en su Corazón, pero siempre sin desesperar.

Los hijos de León dan fe de que el ser humano no podía recibir mejor regalo materno que María, Madre de Dolores, de ternura, de amor y de misericordia, Virgen del Camino, Señora de la Esperanza y de la Vida que estamos llamados a cuidar, facilitar y proteger como la Madre de Dios, nuestra madre, lo hace.

Pidamos a la Virgen del Camino aprender a transmitir el mensaje de salvación de Jesús vivo y glorioso en estos tiempos. Hacemos este ruego aquí en la catedral, lugar propicio donde se acerca tanta gente. Requiere un esfuerzo para enseñar y catequizar según exige la realidad que no hemos venido a juzgar, de modo que la cultura y la fe cristianas puedan llegar bien a los niños y a los jóvenes, como buena noticia que son.

Virgen del Camino, andariega del Reino de Dios, gracias por acompañarnos por los senderos de este mundo mostrándonos a Jesús vivo y glorioso. Él nos concede siempre lo que más necesitamos: la vida abundante, nueva y eterna.

Que así lo comprendamos y acojamos para anunciarlo y compartirlo con muchos. Amén.