D. Jesús Miguel Martín Ortega – (Diario de León, 20/06/2026)
Estas palabras siguen resonando en quienes vivimos las repetidas visitas a España de San Juan Pablo II: “No tengáis miedo”. El miedo paraliza, detiene toda acción o compromiso. El miedo desactiva la parresía (valentía) cristiana. Esta misma expresión la escuchamos en el evangelio que se proclamará este domingo.
El nihilismo es uno de los rasgos fundamentales de nuestro tiempo. El filósofo alemán Heidegger lo consideraba “la esencia de la historia occidental europea”. Tiene mucho que ver con la percepción de que todo está en crisis. Nada se sostiene. Se produce una sensación de vacío que se traduce en desorientación y sinsentido. Supone la caída de las grandes ideas, sistemas y creencias en las que, tal vez, se buscaba una falsa seguridad. El hombre, en su debilidad radical, se ha de colocar ante el misterio de su existencia de un modo nuevo. Todo invita hoy a la razón a despojarse de su posición dominante y prepotente para hacerse acogedora del misterio.
En contra de lo que muchos puedan pensar, se está abriendo un espacio nuevo para el despertar de la verdadera fe. No olvidemos que la fe no nace del esfuerzo de la razón ni es la conclusión de una investigación o el resultado de una argumentación. Para creer, lo importante es dejarse interrogar, ser receptivo, saber escuchar al misterio. Dios no es un problema que hemos de resolver sino un interrogante que hemos de escuchar.
El evangelio de este domingo es una llamada permanente a la confianza radical en Dios. Nuestra vida está en manos del Padre. No tengáis miedo, Dios en su misericordia providente, se ocupa y preocupa de cada ser humano. Es la confianza en Dios la que disipa los temores y nos hace vivir con una actitud optimista, que no falsea la realidad, sino que la hace depender del poderoso amor de Dios. Jesús muestra que esto es así con un ejemplo sencillo: si los gorriones, que valen poco, no caen al suelo sin que Dios lo disponga ¿qué no hará por nosotros?







