Liturgia Dominical – “JOSÉ, HIJO DE DAVID, NO TEMAS”

Mons. José Manuel del Río Carrasco – (Diario de León, 20/12/2025)

Cuando ya casi estamos llegando al final del Adviento, la liturgia nos ayuda a considerar la proximidad de la Navidad. Nos hemos ido acercando a esta gran fiesta, casi en silencio. Es lo mismo que nos sucede con nuestro Dios. Durante siglos había sido anunciado el nacimiento del Redentor… y, cuando llega, coge a casi todos por sorpresa… va a nacer el esperado de las naciones, el Enmanuel, el Dios-con-nosotros. Nuestros ojos lo verán en el pesebre, nuestra fe lo adorará en la Eucaristía, vivo y pleno de amor. El altar de todas las iglesias es Belén; es el Cenáculo; es el Calvario con la cruz y el crucificado. Pero en Navidad es, sobre todo, Belén, “Casa del pan”: como tal ofrece el Pan de la vida a los hambrientos de justicia, de inocencia, de paz. Dirijámonos al altar, celebremos y recibamos con fe la Eucaristía.

En el domingo más próximo a la Navidad, asistimos al diálogo que mantienen a distancia de siglos el profeta Isaías y el evangelista Mateo. En el centro de su atención se sitúa la Virgen Madre de Dios y, en torno a ella, los descendientes de David, representantes del linaje del cual debía nacer el Salvador según la carne. El sucesor de David en el trono será Acaz, que tiembla como una hoja batida por el viento ante sus agresores. Dios manda a Isaías para confortarlo y asegurarle la victoria, si se fía de lo alto y no busca la ayuda de los hombres. Será entonces, justo entonces, cuando el profeta anunciará un milagro lejano: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel”. Aquí se encierra todo el misterio de la Navidad: una Virgen-Madre y un Hijo que es Dios-con-nosotros. Siete siglos después será Mateo el que narre el cumplimiento del lejano milagro anunciado por el profeta: la Virgen anunciada es María; el Hijo que nacerá será el Enmanuel; el descendiente de David, que hace olvidar a Acaz y su incredulidad, será José.