Cada día su afán – LAS TORMENTAS DE ARENA

D. José-Román Flecha Andrés – (Diario de León, 05/09/2026)

Son frecuentes las tormentas de arena sobre Phoenix, en el estado de Arizona. Por el sur, en la ciudad de Tucson se encuentran los 26 paneles pintados por Fernando Gallego y el Maestro Bartolomé para la catedral de Ciudad Rodrigo. Cerca está la misión de San Javier, fundada por el padre Kino, un jesuita italiano con larga residencia en Sevilla. Por entonces, estas tierras pertenecían al reino de España.

Por el norte, la legendaria ruta 66 transcurre desde Flagstaff hasta Kingman, dejando a un lado las rocas rojizas de Sedona y al otro, el Gran Cañón del Colorado. La ciudad de Phoenix, plantada al borde del desierto de Sonora, es noticia por sus alarmantes tormentas de arena.

Pero hasta ella llegan noticias de la invasión de Ceuta, del terremoto de Granada y de las palabras sobre los gobiernos convertidos en bandas de ladrones. Ese eco nos hace recordar las palabras que san Agustín escribía en su magna obra sobre “La Ciudad de Dios”:

“Si de los Gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en pequeño? Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada. A esta cuadrilla se le van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos: abiertamente se autodenomina reino, título que le confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda”.

Aurelio Agustín, obispo de Hipona, ya en su ancianidad se demoró más de diez años escribiendo aquella obra. Había quedado más que impresionado por el saqueo de Roma por los visigodos de Alarico en el año 410. Y estaba más que sorprendido al oír a los paganos que culpaban al cristianismo de la caída del imperio romano. Para él, aquellos bárbaros depredadores de Roma eran auténticas bandas de ladrones. Pero no olvidaba que los gobernantes del Imperio Romano también habían despreciado la justicia.

Por si fuera poco, el obispo Agustín recordaba que Alejandro Magno preguntó a un pirata caído prisionero: «¿Qué te parece tener el mar sometido al pillaje?». Y el prisionero respondió: «Lo mismo que a ti el tener el mundo entero. Solo que a mí, como trabajo con una ruin galera, me llaman bandido, y a ti, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador».

Marco Tulio Cicerón había escrito poco antes del nacimiento de Cristo que “la historia es maestra de la vida”. Pero cabe preguntarse si esa maestra cuenta siempre y en todas partes con buenos alumnos. Muchas veces, las tormentas de arena que llegan del desierto no nos permiten ver con claridad el horizonte.