D. José-Román Flecha Andrés – (Diario de León, 07/02/2026)
l Papa León XIV ha decidido comentar los textos del Concilio Vaticano II y ha comenzado por la constitución sobre la Palabra de Dios, votada por los padres conciliares y aprobada por Pablo VI el 18 de noviembre de 1965. He aquí unos puntos fundamentales de aquel documento.
- Dios habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y los invita a comunicarse con él. Pero la verdad acerca de Dios se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es mediador y plenitud de toda la revelación.
- Cristo mandó a los Apóstoles predicar a todos los hombres el Evangelio. Lo que ellos enseñaron encierra todo lo necesario para que el Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe.
- La Tradición y la Escritura constituyen el depósito de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia. Fiel a este depósito, el pueblo santo persevera en la fracción del pan y en la oración.
- Ahora bien, la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados.
- El Antiguo Testamento manifiesta el conocimiento de Dios y del hombre y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres. Aunque contengan algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, esos libros revelan la verdadera pedagogía divina. Los cristianos han de recibirlos devotamente, pues contienen sublimes doctrinas sobre Dios y sobre la vida del hombre y tesoros admirables de oración.
- “La palabra divina, que es poder de Dios para la salvación de todo el que cree, se presenta y manifiesta su vigor de manera especial en los escritos del Nuevo Testamento, en el que los Evangelios ocupan el lugar preeminente, puesto que son el testimonio principal de la vida y doctrina de nuestro Salvador”.
- La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor. En la Liturgia, toma de la mesa y distribuye a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo.
- La Iglesia procura que se redacten traducciones aptas y fieles en varias lenguas, sobre todo de los textos primitivos de la Biblia. Si estas traducciones se llevan a cabo con la colaboración de los hermanos separados, podrán usarse por todos los cristianos.
- A la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se entable el diálogo entre Dios y el hombre, porque a Dios hablamos cuando oramos, y a él oímos cuando leemos las palabras divinas.
- Como la vida de la Iglesia recibe su incremento de la renovación constante del misterio eucarístico, así es de esperar un nuevo impulso de la vida espiritual gracias a la veneración de la palabra de Dios que permanece para siempre.
Es de esperar que la Biblia oriente la oración y la actuación de todos los cristianos.








