D. José-Román Flecha Andrés – (Diario de León, 11/04/2026)
En este año 2026, el papa León XIV nos ha asombrado durante los días más señalados de la Semana Santa. El Jueves Santo, durante la misa crismal dirigió un mensaje muy importante al clero y también a los laicos. El Viernes Santo lo vimos postrado en tierra. Y más tarde llevó la cruz durante el Viacrucis que se celebró en el Coliseo.
Era de esperar que el domingo de Pascua dijera algo muy especial. Y así ha sido. Desde la “logia” o balcón central de la Basílica Vaticana dirigió a la Urbe y a todo el Orbe el mensaje más necesario para este momento. En él sobresalen estos puntos:
- La Pascua es una victoria: de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio… Cristo tuvo que morir en una cruz, tras sufrir una condena injusta, ser escarnecido y torturado, y haber derramado toda su sangre.
- La fuerza con la que Cristo derrotó al antiguo Adversario es Dios mismo, Amor que crea y engendra, Amor fiel hasta el final, Amor que perdona y redime.
- La fuerza de Cristo no es violenta. Es la del grano de trigo que se marchita en la tierra, brota y se convierte en una espiga dorada. Es la de un corazón humano que rechaza el instinto de venganza.
- Esta es la verdadera fuerza que trae la paz a la humanidad. No busca el interés particular, sino el bien común; no pretende imponer su propio plan, sino contribuir a diseñarlo y a ponerlo en práctica junto con los demás.
- ¡Que el amor de Cristo nos transforme el corazón! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo.
- Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante el odio y la división que siembran los conflictos y ante las consecuencias económicas y sociales que desencadenan.
- La cruz de Cristo nos recuerda siempre el sufrimiento y el dolor que rodean a la muerte, así como la angustia que esta conlleva… ¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡No podemos resignarnos al mal!
- La paz que Jesús nos entrega no se limita a silenciar las armas, sino que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros. ¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón!
- Imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal.
- Unámonos a la vigilia de oración por la paz que se celebrará en la Basílica de San Pedro el próximo sábado 11 de abril para orar por la paz y revisar la indiferencia que se oculta en nuestro corazón.








