D. José-Román Flecha Andrés – (Diario de León, 26/09/2026)
El 27 de septiembre de este año 2026 se celebra una vez más la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Con ese motivo, el papa León XIV ha publicado un mensaje en el que se fija en los niños obligados a emigrar. He aquí algunas de las ideas más significativas:
- Cada año, millones de niños y adolescentes se ven obligados a abandonar su tierra a causa de guerras, pobreza, violencia, desastres medioambientales y otras tragedias. Y lamentablemente, su número sigue aumentando.
- A este panorama se suman otras tragedias: las muertes a lo largo de las rutas migratorias, la trata y la explotación, el reclutamiento de menores para su participación en conflictos armados, la violencia sexual, los matrimonios forzados y las atrocidades sufridas o presenciadas durante el trayecto. Su dignidad se ve pisoteada de muchas formas.
- En medio de tanta oscuridad, no falta la luz de la solidaridad: personas, familias, instituciones civiles y comunidades eclesiales que no desvían la mirada hacia otro lado.
- Las palabras de Jesús nos interpelan a todos: «El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí» (Mt 18,5).
- Ante cada menor emigrante, estamos llamados a realizar un acto de humanidad y de fe. En ese niño podemos encontrar y acoger al Señor.
- Los menores emigrantes son fácilmente relegados a la invisibilidad, al carecer de adultos que los protejan y apoyen. No podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento.
- Incluso uno solo de estos pequeños nos llama, en nuestra vida personal, a abrir los ojos y el corazón para escuchar su historia, sus miedos y sus sueños, superando esa indiferencia que reduce al ser humano a un dato estadístico que no nos afecta directamente.
- Incluso uno solo de estos pequeños nos llama, en la vida eclesial, a convertir la hospitalidad de un concepto abstracto a una práctica pastoral constante.
- Incluso uno solo de estos pequeños, en el marco de las distintas religiones, nos recuerda que la vulnerabilidad de los más pequeños no conoce fronteras confesionales y nos une en una responsabilidad humanitaria y espiritual compartida.
- Incluso uno solo de estos pequeños, en el contexto de las instituciones civiles, nos exige reafirmar el interés superior del menor. Las instituciones públicas y privadas están obligadas a situar en el centro la protección y la dignidad de cada niño y adolescente.
Por cierto, el papa León XIV ha citado el discurso que pronunció en el Parlamento español para afirmar que es preciso adoptar «una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración a quienes emigran».








