2025 – XIVº Domingo del Tiempo Ordinario

«El Señor nos da su paz»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Hermanos y hermanas, la Jerusalén que describe el libro del profeta Isaías es una ciudad restaurada tras la destrucción y la humillación que han sufrido los judíos en el exilio a Babilonia. Las palabras que evocan consuelo y prosperidad anuncian que Dios tiene voluntad de traer la paz, la justicia y el amor para alumbrar un nuevo pueblo, una humanidad reconciliada.

Este anuncio genera una gran esperanza en Dios a quien Isaías compara con una madre que consuela a su niño (cf. Is 66,13). Esperanza y consuelo que alegran el corazón.

No son un consuelo ni una alegría autocomplacientes de quien se busca a sí mismo. Es la paz reconfortante que procede de Dios y, por tanto, de la confianza y el trato asiduo con él que garantiza la victoria en medio de cualquier contrariedad.

Es la misma paz que invoca Pablo en el final de la carta a los Gálatas y que viene por el camino de la cruz en una paradoja salvífica que nos libera de la autorreferencialidad y nos hace ser, con Dios y con los hermanos, fermento de un mundo nuevo y restaurado como la Jerusalén que Isaías invita a festejar.

Esta es nuestra misión, la misma que reciben los setenta y dos, comunidad de bautizados y enviados, discípulos misioneros de Jesucristo, que llevan la buena nueva de la paz de Dios a todos los pueblos y lugares.

Una misión que es sinodal y nunca individual, para dar la paz y responder a las necesidades profundas de las personas, como responde siempre el Evangelio (cf. EG 265).

Una misión que no teme los peligros, ni necesita bolsa, alforja ni sandalias, puesto que es portadora del mayor tesoro: Cristo, el Salvador, príncipe de la paz.

Una misión que hoy se concreta en la Jornada de responsabilidad en el tráfico, como cada primer domingo de julio, coincidiendo con tantos desplazamientos por carretera como hay estos días y con la cercanía de la fiesta de san Cristóbal.

Imploremos la bendición del Señor para cada persona que emprende un viaje con responsabilidad en el tráfico y, al mismo tiempo, pidamos que lleve la paz a todos los que encuentre en el camino. Una paz que viene de Dios y da como frutos paciencia, prudencia y respeto, también para conducir, sembrando esperanza.

Comulguemos en esta Eucaristía con Cristo y los hermanos, acojamos y demos su paz en este mundo que tanto la necesita, peregrinando hacia el Reino con la alegre esperanza de llegar a ver inscritos allí nuestros nombres junto a otros muchos nombres.

Amén.