✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
«¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado» (Lc 24, 5b-6). Se ha cumplido su palabra cuando dijo que tenía que ser entregado, crucificado y resucitaría al tercer día.
La Vigilia Pascual es toda entera un canto de alegría profunda que renueva nuestra esperanza. Descubrimos que nuestro destino final no es la muerte rodeada de sufrimiento y llanto. No. «Fuimos salvados en esperanza» (Rom 8,24).
La creación, la vida , el mundo, en contra de lo que pensamos a veces, no tiene un final de destrucción y muerte, porque Dios nos creó con un destino de amor y santidad.
Del mismo modo que fue liberado el pueblo de Israel con acciones portentosas, la pascua de Jesús nos ha liberado con el mayor prodigio: la vida nueva y eterna. Lo que anunciaron los profetas se ha cumplido en Jesucristo.
¡Ha resucitado! Lo escuchamos nosotros igual que María Magdalena, Juana y María cuando fueron al sepulcro aquella mañana. Este anuncio nos invita a dejar de buscar en la muerte y entre los muertos, porque Cristo está vivo —es el viviente eterno— y nos llama al amor y a la vida, a la alegría y al triunfo, al consuelo y a la esperanza como pueblo de Dios, el cuerpo de Cristo que nos une inseparablemente.
Para incorporarse a este cuerpo místico van a recibir los sacramentos de la iniciación cristiana Oscar, Raisa y Sara, con la preparación debida y desde su experiencia de encuentro con Cristo. Oremos y alegrémonos por ellos al tiempo que renovamos nosotros las promesas bautismales con la intención de vivir en el amor primero del encuentro con Jesús.
Él está en nuestra Iglesia, en cada bautizado y también en medio de las gentes de buena voluntad, de los que trabajan por la paz y la justicia, de quienes construyen un mundo mejor con cada pequeño gesto a favor de la vida.
Demos testimonio a todos, especialmente a los pobres y a los que sufren, del gozo de encontrar a Jesucristo y la esperanza de vivir su misma vida. Él nos libra de los abismos y no nos defrauda nunca.
Celebremos el banquete pascual, en el que se hace presente el Resucitado, con la acción de gracias incesante por ser la luz que alumbra nuestros corazones y toda la tierra.
¡Feliz Pascua de Resurrección!









