«Al servicio del altar del pan de la comunión»
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Dice el papa Francisco en su carta apostólica Spiritus Domini:
«El Espíritu del Señor Jesús, fuente perenne de la vida y misión de la Iglesia, distribuye a los miembros del Pueblo de Dios los dones que permiten a cada uno, de manera diferente, contribuir a la edificación de la Iglesia y al anuncio del Evangelio. Estos carismas, llamados ministerios por ser reconocidos públicamente e instituidos por la Iglesia, se ponen a disposición de la comunidad y su misión de forma estable.
En algunos casos esta contribución ministerial tiene su origen en un sacramento específico, el Orden Sagrado».
Es el caso del acolitado que recibes hoy, Genaro, y del lectorado que ya te fue conferido. Como lector has profundizado en el amor y el conocimiento de las Sagradas Escrituras, escuchando y meditando la Palabra y esforzándote por testimoniarla con tu vida en tu proceso formativo y en la misión.
Ahora, para el ministerio de acólito has de tener conocimiento y vivencia profunda de la eucaristía; de cuanto se refiere a su celebración y a su significado espiritual.
Además, has de cuidar tu ofrecimiento diario al Señor, un sincero amor al pueblo de Dios, al que cada vez tienes que disponerte más a servir camino de recibir las sagradas órdenes. Por tanto, has de ir progresando en tu vocación hacia el ministerio ordenado donde tiene su origen, como dice el Papa, el acolitado que el Señor te concede hoy en medio de su pueblo.
Realiza este ministerio con espíritu servicial de comunión fraterna con todos, como grano de trigo que hace el mismo pan de la unidad con laicos, matrimonios y familias, consagrados, diáconos y presbíteros. Todas las vocaciones que enriquecen la Iglesia sinodal y misionera siendo cauce de fraternidad y no sólo tendiendo puentes y no levantando muros, sino derribándolos si los encuentras.
Oramos por ti, Genaro, para que por medio de este ministerio te configures cada vez más con Cristo, Buen Pastor, Sumo y Eterno Sacerdote de la Nueva Alianza, con un corazón dispuesto a entregarte como él y con él para ser pan de vida abundante.
Confiamos y esperamos que así sea.
Amén.








