2025 – San Juan de Ávila

«Ministros de la esperanza»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Queridos hermanos, en este año Jubilar el Maestro Ávila nos inspira para ser ministros y servidores de la esperanza que no defrauda y acrecentarla tendiendo puentes de comunión y viviendo consecuentemente «como granos que hacen el mismo pan» entre nosotros y con los demás miembros del pueblo de Dios. Aunque necesitemos perfeccionarla, esta es nuestra realidad que, además, ha significado ya el nuevo papa León XIV.

La esperanza «avilista» se identifica con la confianza en el amor de Dios, de tal modo que cuanto más crece el amor, más aumenta la esperanza. Esa confianza para caminar hacia Dios no es huida del presente, sino compromiso para transformarlo.

Igualmente, san Juan de Ávila nos enseña que la esperanza cristiana se funda en la misericordia divina. Experimentar la misericordia nos permite vivir anclados en la esperanza, hallando alegría profunda en esta vida. Este es el sentido de las prácticas de misericordia que el papa Francisco recomendó para ganar el Jubileo este año.

Pero tengamos cuidado, porque a veces hostigamos a la esperanza, como Saulo a Jesús, sobre todo con una mirada autorreferencial. Si lo hacemos, caigamos en la cuenta, levantémonos y caminemos en busca de un «Ananías». Siempre encontraremos quien nos guíe hacia la luz para ser o volver a ser ministros y servidores de la esperanza y no sus perseguidores.

Si es preciso, dejemos caer las escamas del desmayo, la tristeza, la queja, la rigidez y aprendamos a mirar hacia fuera con los ojos de la misericordia y el amor de Dios para vivir y obrar con esperanza.

Invitándonos a cuidar y cultivar la espera verdadera, dice el Maestro Ávila en uno de sus sermones que la Eucaristía relaciona el presente y el futuro como «retablo de las cosas que están por venir… recogidas están allí todas las grandezas de Dios que esperamos» (Ser 41, 684ss). Retablo de dones.

Hermanos, celebramos con vosotros la acción de gracias por vuestro ministerio presbiteral. Desde 1975 Alberto y Juanjo; desde 2000 Paco, Óscar, Alberto y Jose. Los recuerdos de vuestra ordenación y vida ministerial, de las personas que habéis acompañado y por las que habéis sido acompañados, son admirables «retablos» tanto de acción de gracias como de esperanza y de alegría. Igualmente, para los que no están aquí y celebran sus bodas de oro, Ángel Plácido, Manuel Rodríguez, José María Rojo y el difunto Miguel Marcelo Álvarez.

Pero, además, tenéis por delante el retablo de las grandezas que Dios os tiene reservadas y que se ofrecen y reparten en el banquete de la verdadera comida y la verdadera bebida que nos sostiene con la espera gozosa de la vida eterna.

Compartamos el pan de vida y el vino nuevo de la cena del Señor, trigo molido y uva prensada de esperanza, para que lleguemos a vivir y enseñar a vivir siempre en la misericordia y el amor del Corazón de Cristo.

Amén.