2025 – Jueves Santo. Misa vespertina de la Cena del Señor

“El amor de Jesús nunca defrauda”

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

«Solo el amor es digno de fe» es el título de una obra de Von Balthasar. Bien podemos recordarlo el Jueves Santo porque el amor de Jesús es el más creíble y nos llena de esperanza.

La Misa de la Cena del Señor que da inicio al Triduo Pascual es memorial de esta credibilidad del amor de Dios que nos enriquece con su pobreza en la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio Ministerial y en el mandamiento del Amor.

La cena pascual que describe la lectura del Libro del Éxodo nos sitúa en el camino de la liberación de Israel confiando en Dios que protege a su pueblo y rompe sus cadenas como reza el Salmo 115.

Esta liberación es definitiva en la Nueva y esperanzadora Alianza, creíble por el amor de la entrega de Jesús, tal y como testimonia el apóstol Pablo en la primera carta a los Corintios.

El magisterio de Jesús en la última cena, amando hasta el extremo, nos guía hacia la vida futura. Lo que les enseña a sus discípulos nos lo enseña a nosotros para que nos demos cuenta de que somos «como granos que hacen el mismo pan». Es decir, formamos un solo cuerpo, el de su entrega en el pan y en el vino.

Vivir como un solo cuerpo, el Cuerpo místico de Cristo, es esperanzador. El extraordinario gesto del lavatorio expresa el amor creíble de Jesús y, al tiempo que nos desconcierta, como a Pedro, nos colma de esperanza.

Los bautizados, comprometidos uno a uno y unidos como Cuerpo místico de Cristo, hoy recordamos que debemos dejarnos triturar, amasar y hornear para dar frutos de unidad; de tal modo que nos ocupemos de nuestros hermanos más débiles y necesitados, expresión del amor fraterno, como Cáritas nos recuerda este día; que intensifiquemos la comunión fraterna; que agradezcamos y promovamos el sacerdocio ministerial y que pongamos la Eucaristía en el centro, pues «significa y realiza la unidad de la Iglesia» (UR 2) y se renueva en ella el don de la comunión, de la misión y de la participación (cf. Documento final del Sínodo sobre la Sinodalidad 142).

El lavatorio de los pies y el sacrificio eucarístico, pruebas del amor más grande, creíble y esperanzador, ha de movernos a dejarnos lavar los pies y a hacerlo como el Maestro; a tomar y comer su Cuerpo, deseando ardientemente celebrar con él esta comida pascual y, en consecuencia, a esperar contra toda esperanza. Nunca nos sentiremos defraudados por su amor. Amén.