2025 – Miércoles de Ceniza

«Cuaresma que se hace esperanza»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

«Ahora —oráculo del Señor— convertíos a mí de todo corazón» (Joel 2, 12). Comenzamos el itinerario cuaresmal conscientes de que Dios siempre nos espera. Una y otra vez sale a la puerta para ver si regresamos a él, para comprobar que volvemos de corazón a sus entrañas de misericordia.

Puede que el camino no nos resulte fácil e incluso que desesperemos cuando nos encontramos perdidos. Pensemos entonces que la paciencia de Dios nos devuelve nuestra esperanza, porque sabemos que él es compasivo, lento a la cólera, rico en amor y borra nuestra culpa cuando nos dejamos reconciliar, como nos exhorta el apóstol Pablo.

Así, el camino cuaresmal se hace para nosotros esperanza en el gozo y la paz que Dios nos regala por su bondad y misericordia mostradas en su Hijo muerto de manera ignominiosa y resucitado gloriosamente.

Iniciamos la Cuaresma con la imposición de la ceniza que se hace signo de esperanza en este año jubilar. Pidamos al Señor la paciencia que requiere la esperanza y la mantiene viva. Convirtámonos a la paciencia que es tierra sembrada de esperanza rasgando el corazón, es decir, de verdad, no aparentemente; deseemos ser y seamos paciencia de Dios.

Para ello, ayunemos de cualquier forma radical de mirarnos solamente a nosotros mismos; ayunemos de toda autorreferencialidad, como dice el papa Francisco. Abstengámonos, siendo consecuentes, de toda rivalidad, ruptura, falta de fraternidad, afán de posesión y dominación.

Seamos generosos en dar limosna de perdón. Perdonemos y sintámonos perdonados, de tal modo que lleguemos a aumentar y compartir una esperanza rebosante irradiándola con nuestra oración, nuestro ayuno y nuestra limosna, pues hemos de saber que caminamos juntos en esperanza hacia la Pascua.

Sintámonos peregrinos jubilares con Santa María de la Esperanza, Virgen del Camino, para llegar a celebrar la Pascua de Jesucristo, esperanza que no defrauda.

Lo anticipamos en la Eucaristía, memorial de amor infinito, vida abundante y esperanza nuestra.

Amén.