«Amor y más Amor que es sal y luz»
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
«Ojalá estuviéramos todas abrasadas en el amor del mismo Señor, y así inflamadas anunciáramos y publicáramos amor y más amor, de manera que pudiéramos encender todo el mundo» (Santa Joaquina Vedruna, Epistolario).
Amor y más amor es ser sal y luz para cumplir el deseo del Señor y llevar a cabo su encargo, como profetiza Isaías. Es para todos una alegría y una acción de gracias inmensas, que llenan el corazón, iniciar el Bicentenario de la Congregación que fundó Joaquina Vedruna, el Bicentenario del Carisma que recibió del Espíritu, el Bicentenario de las raíces de la familia vedruna.
El amor, como lo comprendieron y vivieron Joaquina Vedruna, tantas Carmelitas de la Caridad, laicas y laicos, nos lleva hoy a ser conscientes en el presente de “cuidar los orígenes para abrazar el futuro” con esperanza.
El amor de Dios nos impulsa a llegar donde hay carencia, e injusticia para poner abundancia, justicia y misericordia. Dios siempre nos mueve a ser como él. Así lo experimentó esta gran mujer, madre, abuela y fundadora a quien seguimos los pasos preguntando después de casi doscientos años con Ain Karem: «¿Quién es, Joaquina, tu centro? ¿Quién te sosiega en la sed?» ¿Quién nos hace sal y luz? ¿Quién ama sin cesar? ¿Quién nos despoja de cuanto se opone a que todo sea amor?
La respuesta la compartimos con ella: es Jesús, el Señor, quien la cautivó y nos cautiva a nosotros. Él es el amor que nos envía a ser sal y a ser luz, a dar sabor a la vida y a brillar para darle a conocer como la «esperanza que no defrauda».
El Año Jubilar es preparación de vuestro bicentenario carismático-familiar. Un kairós para que lleguéis a vivir la esperanza con vuestro carisma y seáis misioneras y misioneros de esperanza con nombre y apellido: “misioneros y misioneras de esperanza vedruna” en cualquier misión y, por supuesto, en vuestras comunidades educativas de Ntra. Sra. del Carmen de La Bañeza, Sagrado Corazón y Ntra. Sra. del Carmen de León. Que sembréis esperanza viviendo y sirviendo como granos que hacen el mismo pan.
Este banquete eucarístico sacia nuestra hambre y nuestra sed y nos fortalece para vivir atentos a los pequeños y necesitados y darles la esperanza que hemos recibido y nos renueva y llena de vida para caminar juntos hacia el Reino de Dios. Digamos con Joaquina Vedruna: «No durmamos; amemos a Dios sin cesar. […] En fin, amor, amor y más amor, que nunca dice “basta”» (Santa Joaquina Vedruna, Epistolario).








