Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. 

2018 Septiembre - LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PUERTA DEL CIELO

Novenario de Nuestra Señora de Covadonga - Santuario, 6 de septiembre de 2018
“Puerta luminosa de la vida”

Ap 21,1-5a                        Sal 121                 Mt 25,1-13

      Considero una gracia del Señor el poder participar en la novena conmemorativa del Centenario de la coronación canónica de la Virgen de Covadonga y del Niño Jesús que porta en brazos. Con alegría me asocio a esta efemérides representando a mi diócesis de León. Dentro de unos días nosotros celebraremos también a Nuestra Señora bajo otro título, el de Virgen del Camino, Patrona de la Región Leonesa. La riqueza de advocaciones con las que nuestro pueblo cristiano hace memoria litúrgica y popular de la Santa Madre de Dios obedece al deseo de  reconocer y anunciar la presencia de María en todos los lugares en los que, habiéndose predicado el evangelio, Ella se ha hecho cercana y familiar mediante referencias, unas veces a los misterios de la vida de la propia Santísima Virgen y otras al amor y devoción que siempre y en todas partes le han profesado los cristianos acogiéndose también a su especial patrocinio e intercesión. Este es el significado de los incontables y siempre sugerentes títulos marianos. En este sentido Covadonga suscita resonancias religiosas e históricas de muy largo alcance y significado.

1.- María, “Puerta del cielo” siempre abierta

            El título de María como “Puerta del cielo” que me han confiado para este día de la novena de “La Santina”, tiene un claro significado profético y escatológico, es decir, relacionado con la presencia de María en la historia humana no solo como camino de la salvación sino también en relación con la meta misma de nuestra vida terrena. “María Puerta del Cielo” suscita también resonancias evangélicas, como la expresión del Señor: “Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará” (cf. Jn 10,9; cf. 10,7). Recordemos que fue pronunciada en el contexto del discurso sobre el Buen Pastor, invitando a los oyentes a acceder a los bienes de la salvación por la puerta que es Él mismo en persona y no por otras mediaciones.

            El Concilio Vaticano II, aludiendo a algunos de los títulos con los que el pueblo cristiano invoca a María recordó que Ella “con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la Bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora” (LG 62). Aunque el texto conciliar no menciona expresamente el título de “Puerta del cielo”, sin embargo este título está implícito entre los citados, alusivos todos a la participación de María en la mediación de Cristo.

            En este sentido, la aplicación a la Santísima Virgen María de la referencia a la “Puerta” que es Cristo, encierra así mismo un hermoso significado, puesto de relieve precisamente por los textos litúrgicos de la Misa que estamos celebrando. Primeramente las lecturas de la palabra de Dios, pero también las oraciones, como un eco de esa palabra, nos recuerdan así mismo que María, la Madre del Señor, es también “Puerta” de acceso seguro al Hijo de Dios hecho hombre.

2.- La entrada a la felicidad del cielo por medio de María

            Comenzando por el evangelio que se acaba de proclamar, la parábola de las diez doncellas se refiere a la costumbre oriental, ya entonces, de recibir al esposo por un grupo de jóvenes doncellas que le acompañaban en la entrada al banquete de bodas, imagen alusiva a la felicidad del cielo. Sin embargo, el Señor centró la parábola en el hecho de que solamente tuvieron el privilegio de recibir al esposo las doncellas que, prudentemente, se habían provisto de aceite para sus lámparas. Las demás tuvieron que ir a comprarlo y, cuando volvieron, la puerta estaba ya cerrada y no pudieron entrar.

Mediante este sencillo relato el Señor ha querido advertir a todos sus discípulos, del riesgo de no ser admitidos en la gran fiesta celeste, si no estamos convenientemente preparados. Ahora bien, y aquí la liturgia ha introducido una cierta salvedad: La puerta de acceso al banquete de bodas, es decir, al cielo, puede abrirse gracias a María. Lo afirmaba el versículo del aleluya, antes del Evangelio: “Las puertas del paraíso que Eva había cerrado, por ti se han vuelto a abrir, Virgen María”. Esto no significa que Nuestra Señora se salte las disposiciones divinas, sino que, gracias a Ella no solamente vino al mundo quien podía liberarnos de nuestras culpas y pecados, sino que, además, nos acoge en el banquete eucarístico una vez reconciliados.

            Esta perspectiva nueva de la salvación justifica el júbilo de los restantes textos de la liturgia de la palabra de esta celebración de María “Puerta del cielo siempre abierta”. En efecto, la primera lectura mostraba la visión de los cielos nuevos y de la tierra nueva como morada y destino feliz no solo de los mártires por Jesucristo sino también de todos los que lloran sus pecados y han sido transformados. Unos y otros pueden cantar como hacemos muchas veces al comenzar una celebración eucarística: “¡Qué alegría cuando me dijeron: ‘Vamos a la casa del Señor’!”.

3.- Nuestra confianza en la intercesión de María

Hermosa afirmación para la esperanza y para celebrar y agradecer siempre la singular participación de la Santísima Virgen María en favor de todos los que desean y deseamos “permanecer fieles en el amor de Cristo y que se nos abran las puertas de la Jerusalén celeste”, como pedíamos en la oración del comienzo de la Misa y se reitera en la oración después de la comunión. Esta esperanza se nutre y forma parte de nuestra fe en la vida eterna. Con palabras del Credo del Pueblo de Dios, compuesto por el Beato Pablo VI que será canonizado el 14 de octubre próximo, podemos afirmar que “creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo, por el que contribuye para engendrar y aumentar la vida divina en cada una de las almas de los hombres redimidos”.

            ¿Cómo no vamos a celebrar con inmenso gozo y gratitud a nuestra Señora, hoy y siempre, desgranando y meditando las referencias implícitas en el título de María “Puerta de cielo” o “Puerta luminosa de la vida” (‘colecta’) contenidas en los ya aludidos textos litúrgicos de esta Misa? Permitidme repasar estas referencias:

        María es “Puerta del cielo” porque “por ella pasó el Señor; para Él solo se abrió y permaneció intacta” (‘prefacio’). La expresión alude con toda delicadeza a la virginidad de María como decía el Catecismo: “Virgen antes del parto, en el parto después del parto”.

        María es “Puerta luminosa de la vida” porque, gracias a ella, “apareció la salvación del mundo, Jesucristo, nuestro Señor” (‘or. sobre las ofrendas’). En efecto, cuando nació Jesús, “la gloria del Señor envolvió de claridad” a los pastores que velaban sus rebaños (cf. Lc 2,8-9), como un preludio también de la luz de la Pascua.

        María es “Puerta de la vida eterna” porque, con su fe, nos abrió la “que Eva había cerrado con su incredulidad”  (‘prefacio’). Isabel llamó a María “bienaventurada” por haber creído que “lo que le ha dicho el Señor, se cumplirá” (Lc 1,45). 

      María es “Puerta del perdón siempre abierta” porque “intercede continuamente por los pecadores” (‘prefacio’). Recordemos esas puertas santas de nuestras catedrales y de algunos santuarios que solamente se abren en los años jubilares.

          María, finalmente, es también nuestra intercesora permanente para que “desciendan sobre nosotros los dones de la gracia divina y se nos abran las puertas del cielo” (‘poscomunión’). Por eso le decimos con alegría y esperanza:

          ¡”Virgen Santina de Covadonga”, ruega por nosotros y por el pueblo santo de Dios que se nos ha confiado para que todos seamos dignos de entrar un día en la morada celestial!

+Julián, Obispo de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telf: 987 21 96 80 - Fax Secret.: 987 26 06 65