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2018 Junio - “YO OS ELEGÍ A VOSOTROS”

(De la Homilía de la celebración del día 30-VI-2018)

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales” (Ef 1,3). Sirviéndome de estas palabras de san Pablo, quiero reconocer y agradecer los dones recibidos del Señor desde aquel 30 de junio de 1968, cuando fui ordenado presbítero para la diócesis de Zamora. Pero debo manifestar también mi profunda gratitud a todos por vuestra presencia en esta celebración en la que van a ser ordenados un nuevo presbítero y cinco diáconos, uno de ellos para el Diaconado permanente. Al mismo tiempo pido a todos una plegaria para que este don de su amor redunde en beneficio de los fieles que me han sido confiados.

            Esta coincidencia, la acción de gracias por el sacerdocio recibido y la ordenación de estos hermanos nuestros, nos ofrece una hermosa ocasión para reconocer y valorar la continuada presencia en la Iglesia del ministerio apostólico que por voluntad del Señor se prolonga en el tiempo, gracias al sacramento del Orden, para edificación de la comunidad de los fieles. No en vano la permanencia en el ministerio tiene su origen en el amor desbordante de Jesucristo por su Iglesia, un amor que se proyecta también sobre aquellos a los que Él elige y llama para confiarles una verdadera participación en su propia misión de enviado divino para nuestra salvación.

El evangelio nos sugiere precisamente esa participación en el amor: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor” (Jn 15,9). La afirmación del Señor, pronunciada en aquel ambiente conmovedor, sigue siendo actual y viva, porque el amor infinito de Dios se nos ofrece y comunica a través de Jesucristo. Cada uno de nosotros puede reconocer en la historia personal de la propia vocación, los signos y la huella de ese amor, una huella sencilla pero verdadera. Todos los que descubrimos un día la vocación, podemos decir: “Él nos amó primero”, como afirma también san Juan (cf. 1 Jn 4,19).

             Pero el Señor nos pide también que, reconociendo ese amor, procuremos mantenernos siempre en esa cercanía de comunión que ofreció generosamente a sus discípulos al decirles: “Vosotros sois mis amigos” como escuchábamos en el evangelio (cf. Jn 15,14). Sois todos amigos de Jesucristo que os invita a una cercanía e intimidad profunda con Él. Pero, ¿cómo acoger esta gracia y el don del ministerio? Él mismo lo ha dicho también en el evangelio proclamado: “Si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15,14b).

          Hoy clausuramos también nuestro “Año pastoral diocesano vocacional” que abríamos en septiembre pasado contemplando la escena del encuentro de María con su pariente Isabel (cf. Lc 1,41-45). Os recuerdo que, partiendo de la actitud de esta mujer ante la visita de la Madre del Señor, debíamos despertar y estimular entre nosotros la urgencia de las vocaciones. Hoy, a 50 años de distancia de mi propia ordenación sacerdotal, hago mías unas frases del beato Pablo VI pronunciadas el día en que él mismo celebraba las Bodas de Oro de su propia ordenación sacerdotal: “Cincuenta años  no han bastado para borrar la memoria de aquel hermoso y sencillo episodio de mi humilde existencia personal… Realmente ser sacerdote es algo grande… Gracias a Ti, oh Padre, que sin mirar mi pequeñez, me dirigiste tu llamada… para que yo, tímido e inexperto, estuviese más cerca de Ti… Y me salió del corazón esta respuesta: In nomine tuo (en tu nombre), Señor, hágase según tu palabra”.

+Julián, Obispo de León

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