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2017 - SOLEMNIDAD DE SAN FROILÁN, PATRONO DE LA DIÓCESIS

(Explanada del Santuario de la Virgen del Camino, 5-X-2017)

"Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré"

            Ez 34,11-16; Sal 22;             Ef 4,1-7.11-13;             Mt 28,16-20.   

Hermanos presbíteros concelebrantes,
Excmas. Corporaciónes Municipales de León y de Valverde de la Virgen,
y Ayuntamientos del Voto: Valdefresno y Villaturiel,
Excmas. e Ilmas. Autoridades civiles y militares,
queridos fieles cristianos de León, de Asturias y de otros lugares:

             Un año más, bajo un sol más veraniego que de otoño, nos encontramos junto al santuario de nuestra Reina y Madre, la Santísima Virgen del Camino, en la romería de San Froilán para celebrar la fiesta de nuestro Santo Patrono y agradecer su patrocinio sobre la diócesis Legionense. La fiesta, llena de color y de sabor leonés, nos brinda también la ocasión de dar gracias al Creador de todas las cosas por los beneficios que recibimos cada día, a la vez que invocamos su providencia en forma de lluvia sobre los campos sedientos y nuestros embalses bajo mínimos, sin olvidarnos de pedir también los dones de la concordia y de la unidad en nuestra patria común.

1.- Significado religioso de las prácticas populares

             Cuando nuestros antepasados, desde tiempo inmemorial, empezaron a peregrinar a este santuario hasta convertir la subida a este bendito lugar en una hermosa costumbre religiosa y popular, se sentían movidos por la fe cristiana y por un hondo sentido de transcendencia que impregnaba todos los actos de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por todas las vicisitudes de la existencia, desde el trabajo hasta la diversión.

            Sin pretenderlo expresamente, fueron tejiendo toda una serie de elementos de carácter folklórico y religioso, consolidados por la costumbre y la práctica, por otra parte universal,  de las peregrinaciones y visitas al santuario, el encendido de velas y lámparas, las limosnas y ofrendas en especie, la postración ante las imágenes de la Santísima Virgen y de los Santos Patronos, la adquisición de medallas, escapularios y otros recuerdos. Y fuera ya del lugar sagrado, la convivencia alegre, la comida compartida, la algarabía de los niños, los primeros escarceos de los enamorados, los reencuentros de los parientes y amigos e incluso la nostalgia de los ancianos. Todo un cúmulo de creencias y ritos, y de costumbres arraigadas que llevaban el sello de la autenticidad popular religiosa, verdadero patrimonio espiritual de un pueblo que lo sigue estimando y repitiendo cada año al llegar estas fechas tradicionales.

            Este hecho religioso y costumbrista ha sido siempre tan importante desde el punto de vista pastoral, que la Iglesia y su mismo magisterio han reconocido y valorado lo que los expertos en antropología religiosa, por su parte, han llamado la “religión del pueblo” ofreciéndonos a los pastores orientaciones muy precisas para fomentar y encauzar las referidas manifestaciones. Por eso no deja de ser altamente significativo el contraste que se percibe aquí, junto al santuario de la Santísima Virgen del Camino, entre la arquitectura y decoración de la iglesia, un verdadero monumento famoso y reconocido universalmente del arte moderno y vanguardista del siglo XX, y la práctica de antiguas costumbres religiosas y populares heredadas de nuestros mayores que, no obstante, se mantienen tan vivas y pujantes.

2.- Confianza en la providencia divina que cuida de todos con solicitud

      He recordado todo esto no solo como expresión de reconocimiento y afecto hacia nuestro pueblo leonés, sino también porque creo que tenemos aquí un bastión muy fuerte de fe y de vida cristiana. Esta realidad de carácter popular religioso y costumbrista, además de fomentar sin intenciones excluyentes nuestra propia identidad, contribuye a alimentar la fe y a sostener la vida cristiana. En la lectura del profeta Ezequiel que se proclamó al principio de  la liturgia de la Palabra, escuchábamos estas promesas del Señor: “Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré. Como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré” (Ez 34,11-12a). Eran palabras llenas no solo de poesía sino de ternura puesto que el que hablaba por medio del profeta era Dios, que quería hacer notar su presencia y cercanía amorosa para con su pueblo. Porque Él es, efectivamente, el Dios compasivo y misericordioso al que los pobres y los sencillos han acudido siempre, llevando consigo su bagaje espiritual y sus expresiones festivas.

            No estamos, pues, confiados a la simple pericia de unos hombres que cuidan de nosotros, sino que detrás de ellos y por encima de ellos está el propio Dios y Padre nuestro. Él es el que nos dice a todos, también a los que tenemos alguna responsabilidad pública de carácter social, político o religioso:Sacaré a mis ovejas de en medio de los pueblos, las reuniré de entre las naciones, las llevaré a su tierra… Las apacentaré en pastos escogidos, tendrán sus majadas en los montes más altos… Buscaré la oveja perdida, recogeré la descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma…” (Ez 34, 13.14a.16). Son palabras cargadas de poesía, sí, pero consoladoras y estimulantes porque se expresan con el lenguaje popular que todos comprenden. Son palabras que cumplieron sin duda en el ministerio pastoral de San Froilán, el monje de Moreruela reclamado para León a comienzos del siglo X a la vez que su compañero Atilano lo era para Zamora, siendo consagrados ambos en la solemnidad de Pentecostés del año 900, en la primitiva catedral leonesa. Por eso  confiamos que se seguirán cumpliendo para bien de nuestra gente.

            Termino, queridos fieles diocesanos, invitando a todos a encomendarse a nuestros Santos Patronos, la Santísima Virgen del Camino y San Froilán. No deja de ser una dicha el tener fe y el saber que ambos, tan cerca de Dios y a la vez tan cerca de nosotros, velan por quienes nos acogemos a su eficaz protección.

+ Julián, Obispo de León

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