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2017 - SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN Mª

(S.I. Catedral, 15-VIII-2017)  --- "Tu Trono, oh Dios, permanece para siempre"

Ap 11,19.1-6.10; Sal 44                1 Cor 15,20-26                Lc 1,39-56

"La Virgen María ha sido elevada al cielo
donde el Rey de reyes tiene su trono de estrellas”  (LH, ant. 2 de II Visp.)

“Tu trono, oh Dios, permanece para siempre, cetro de rectitud es tu cetro real… Ya entra la princesa, bellísima, vestida de perlas y brocado” (Sal 45 [44], 7.14). La liturgia de la Iglesia aplica hoy estas palabras del Salmo 45, el cántico nupcial de las bodas del rey, a la Santísima Virgen María en su gloriosa Asunción en cuerpo y alma a los cielos. Unidos a los incontables pueblos y parroquias de nuestra diócesis y de toda España que celebran esta solemnidad como su fiesta mayor, conmemoremos también nosotros con sincera y profunda alegría este misterio de nuestra fe y felicitemos a Nuestra Señora.

1.- La solemnidad de la Asunción de María a los cielos

            La solemnidad de hoy ha sido y sigue siendo una gran fiesta para todos los que ven en María el triunfo de los sencillos y humildes que no confían en sus propias fuerzas sino en el amor y en el poder de Dios. Por eso debemos aguzar la mirada de la fe para que el acontecimiento de la Asunción colme también de alegría y de esperanza nuestras mentes y nuestros corazones. María, “la Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro… brilla ante el pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo” (LG 68). Levantando la mirada hacia Nuestra Señora vislumbramos, a pesar de las dificultades y sufrimientos de esta vida temporal, la dimensión definitiva y la belleza de la gloria eterna.

            Hoy la liturgia de la Iglesia evoca en el evangelio y nos invita a meditar las palabras de María en el acontecimiento de la Visitación a su pariente Isabel: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador…  porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”  (Lc 1,46b-47.49-50). Entre la entrada de María en la casa de Isabel y la entrada de María en los cielos hay una admirable semejanza y continuidad.  La Mujer que fue elegida para ser morada del Hijo de Dios encarnado en ella durante nueve meses, entró para siempre en el hogar de los cielos y ser, como decimos en la Salve, “vida, dulzura y esperanza nuestra” para todos los que la invocamos como “Reina y Madre de misericordia”.  

2.- María, Trono de la Sabiduría

               Hoy contemplamos a Nuestra Señora entronizada en su morada definitiva. Ella es el «signo» grandioso que apareció en el cielo, según las palabras de San Juan en el Apocalipsis, (cf. Ap 12,1). Un signo, una figura atractiva y maravillosa, que anuncia la victoria definitiva descrita también en el último libro de la Sagrada Escritura como la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo”  (Ap 12,10). Pero un signo que, al mismo tiempo, está unido a nosotros en la lucha diaria que debemos entablar contra el enemigo de nuestra salvación y frente a las fuerzas del mal que no cesan en su acoso al Reino de Dios y a sus seguidores los creyentes.

            Por eso necesitamos contemplar con la mirada de la fe a Nuestra Señora, cada día y cada instante, buscando en ella el pensamiento, la palabra, el gesto o la acción que nos preserve de los peligros que acechan nuestra existencia, y para que nos ayude a mantenernos firmes en la fe, alegres en la esperanza y constantes en el amor cristiano. En este sentido, a propósito de la bendición de la nueva cátedra episcopal que preside nuestra primera iglesia de la diócesis y que, como se ha indicado antes de la bendición, por este motivo se llama precisamente catedral, yo quisiera subrayar, apoyándome en el significado de esta sede litúrgica, un título de la Santísima Virgen especialmente significativo que hemos oído o proclamado muchas veces en las Letanías al término del rezo del Santo Rosario. Me refiero al título de Trono de la Sabiduría (Sedes sapientiae), una advocación mariana que pone de relieve la vinculación de Nuestra Señora con el que es la Sabiduría eterna, Jesucristo, el Hijo de Dios que se reveló a los hombres naciendo de la Virgen María.

            Este título mariano evoca, por tanto, no solo la función maternal de Santa María sobre todo el pueblo cristiano sino también y, al mismo tiempo, su eximia sabiduría en las cosas divinas y su dignidad regia. Efectivamente, al contemplarla hoy en el misterio de su Asunción a los cielos evocamos igualmente las enseñanzas de su ejemplo remitiéndonos siempre a Jesús como en las bodas de Caná cuando dijo a los sirvientes y nos dice hoy a todos: “Haced lo que él os diga” (Jn 2,5). Y la dignidad regia porque su Hijo es el Rey mesiánico a quien Dios le dio “el trono de David, su padre” para reinar “sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin” (Lc 1,32-33; cf. Is 9,6-7).

3.- La cátedra en la iglesia que es cabeza y madre de la diócesis

            Por último y partiendo de ese icono maravilloso de María, elevada al cielo y convertida en Trono de la Sabiduría porque que sostuvo en sus brazos al Hijo de Dios hecho hombre, quisiera referirme brevemente al significado de la cátedra episcopal. Nuestra catedral, la pulchra leonina, visitada y admirada por miles de personas durante todo el año y justamente apreciada por todos los leoneses, tiene la primera razón de ser y su significado en este lugar desde el que el obispo ejerce su principal función como maestro de la fe. Nuestro Cabildo, que también se denomina catedral por su vinculación a la sede episcopal, ha tenido el buen gusto de dotarla con una nueva cátedra, un sitial de madera noble, digno y artístico según el estilo gótico dominante en todo el templo y que cumple perfectamente las normas litúrgicas que establecen que la cátedra sea “única y fija, colocada de tal manera que se vea que el obispo preside verdaderamente toda la comunidad de los fieles… y pueda ser visto con facilidad” (Ceremonial de los Obispos, n. 47).

            Deseo, por este motivo, agradecer a nuestro Cabildo esta nueva aportación a la dignidad y santidad del templo catedralicio, a su función litúrgica y episcopal y a la belleza de la sede diocesana. Al bendecir e inaugurar esta cátedra precisamente hoy, solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen a los cielos, hemos querido que ese rito sea también un acto de amor y de homenaje a Nuestra Señora de Regla, verdadero “Trono de la Sabiduría” del Dios Altísimo y título de nuestra catedral.

+ Julián, Obispo de León

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