2017 - VIERNES SANTO - ACCIÓN LITÚRGICA DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

 (S.I. Catedral, 14-IV-2017) -  "¿Quién nos separará del amor de Cristo?"

            Is 52,13-43-12; Sal 30            Hb 4,14-16            Jn 18,1-19,42

            Hoy, Viernes Santo, la Iglesia conmemora con profundo respeto y amor la muerte de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz, convertida en árbol de la vida a pesar de que parece señalar el fracaso definitivo de quien puso de manifiesto con su predicación y su ejemplo la fuerza de la misericordia y del amor.

            Escuchando el relato de la Pasión según san Juan hemos acompañado a Cristo  espiritualmente en el camino desde el huerto de los Olivos hasta la sepultura, meditando cada episodio y acogiendo las palabras del Señor a medida que se proclamaban en el marco de los distintos lugares donde se desarrolló la terrible pasión que tuvo que padecer: el huerto de los olivos, la casa de Anás, el pretorio de Pilatos, las calles de Jerusalén, el Calvario y, finalmente, el sepulcro. El drama de la Pasión de Cristo sobrecoge, aunque la narración del cuarto evangelio presenta la secuencia de los acontecimientos como una victoria en la que Jesús mantiene en todo momento la dignidad sobre sus enemigos y el predominio sobre la situación. De la misma manera el profeta Isaías y la Carta a los Hebreos ponían de manifiesto la actitud de quien cargó con nuestros pecados convirtiéndose para nosotros en autor de la salvación eterna. 

            Por eso la liturgia de este día se centra en la cruz, signo de salvación y fuente de fortaleza para todo el que sufre, sea cual sea la causa: “Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo”, escucharemos dentro de unos instantes. La cruz es la respuesta del amor de Dios para cada hombre o mujer que sufre. ¿Cómo no pensar en este día en el dolor de las víctimas de los atentados indiscriminados que han sembrado la muerte y la desolación en las iglesias de nuestros hermanos coptos el pasado domingo de Ramos, en el bombardeo con gas sarín de hace dos semanas que dieron muerte a 80 personas entre ellas una veintena de niños o en otros atentados?[1] En todos los casos, más allá de las causas concretas, está siempre el dolor humano, la tribulación y el desconcierto. Y sin embargo allí está también, detrás de cada desgracia, el amor y la compasión de Dios aunque no acertemos a percibirlo. La prueba es que su Hijo Jesucristo descendió también a ese abismo escondido del dolor humano experimentando en su carne las consecuencias últimas de la encarnación.

            Nunca lo comprenderemos del todo ni conseguiremos explicar este misterio, pero en cualquier situación dolorosa o terrible está la cruz de Cristo, testimonio de que Dios Padre, unido íntimamente a su Hijo amado, despliega su amor compasivo sobre los demás hijos que sufren viendo en ellos el rostro atormentado de Jesús. Por eso todos debemos mirar al Crucificado cuando nos encontremos ante la prueba del dolor para decir con san Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución? ...  Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado” (Rm 8,35.37).

+ Julián, Obispo de León


[1]Al día siguiente de pronunciada esta homilía, en Alepo fue lanzada una camioneta-bomba contra un convoy que huía de la guerra, muriendo 125 personas, entre ellas 68 niños.

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