Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. 

2021 MARZO - TESTIGOS DE FRATERNIDAD SACRAMENTAL

MISA CRISMAL

escudo episcopal D LuisAngel

 

✠ Luis Ángel de las Heras, cmf
Obispo de León

El Espíritu del Señor está sobre nosotros porque nos ha ungido y enviado. Como Jesucristo, hacemos nuestra la profecía de Isaías que se cumple cuando la proclamamos en medio del santo pueblo fiel de Dios del que hemos sido tomados.

Permitidme, en primer lugar, que os manifieste el gozo de celebrar esta primera misa crismal en León. En medio de vosotros: D. Julián, presbíteros, diáconos, seminaristas, personas consagradas, laicos; en medio del santo pueblo fiel de Dios. Hago presentes a los sacerdotes que están enfermos y a cuantos participan en espíritu porque no han podido venir. Igualmente es momento de agradecer a Dios la vida y la vocación de los sacerdotes fallecidos desde la última misa crismal.

Esta celebración es un signo claro de la comunión entre el obispo y su presbiterio y entre el presbiterio y el resto del pueblo de Dios. Comunión que se hace vida con la fraternidad y la «cercanía apostólica», la «cercanía sacerdotal».

Conscientes de nuestras fragiladades, a través de las cuales Dios también actúa, podemos descubrirnos esta mañana dentro de la oración sacerdotal de Jesús.

En esa intimidad del Hijo con el Padre, recibimos la gracia de orar y trabajar por la fraternidad sacramental, vínculo de estrecha comunión del presbiterio; como recibimos la gracia de orar y trabajar por la unidad de los hijos de la Iglesia.

Que todos seamos uno para que el mundo crea y conozca que Jesús es el ungido y enviado y que el Padre nos ama como ha amado al Hijo. No hay amor más grande.

Fruto de ese amor divino hemos recibido el don de la fraternidad por el sacramento del orden. Estamos llamados a ser testigos de esta fraternidad con la gracia y la paz de Jesucristo, el testigo fiel. Sintamos el gozo de vivirla, de restaurarla cuantas veces sea necesario; de edificarla con nuevo impulso y cuidado, con hechos concretos.

Un testimonio de simples palabras no tiene peso. Pero los hechos convierten la vida en testimonio. Vayamos más allá de lo establecido, que siendo necesario no es suficiente.

Frecuentemos más las expresiones sencillas que hacen vida la fraternidad sacramental: momentos de oración común; de compartir preocupaciones y esperanzas; visitas y llamadas sin razón aparente y, desde luego, a enfermos y hermanos con problemas; esparcimiento fraterno, cuando sea posible. Olvidemos un poco cuanto no nos agrada de los hermanos. Alegrémonos de lo bueno que tiene cada uno. Disculpemos a los otros lo más posible.

La misión del sacerdote en el santo pueblo fiel de Dios bien puede comenzar por la fraternidad sacramental cuidándonos y dejándonos cuidar con la caridad de Cristo, rostro de la misericordia del Padre.

Nuestra vida convertida en un testimonio de esta fraternidad es «cercanía apostólica» en el acompañamiento pastoral adecuado a estos tiempos inciertos, especialmente con las personas que más precisan cuidados, fortaleza de vida y ganas de vivir, liberación de sus miedos y esperanza para continuar el camino.

La renovación de las promesas sacerdotales, la bendición de los óleos para los enfermos y catecúmenos y la consagración del santo crisma es unción y envío para hacer vida la fraternidad, dar aliento y esperanza, acercarse a quienes se sienten solos y desamparados, vendar y curar a quienes tienen el corazón desgarrado y esclavizado.

Evitando quedarnos paralizados aguardando tiempos mejores, ungidos y enviados, vayamos donde el Señor nos llama a darnos, a dar la vida; a vivir y practicar la «cercanía», como Jesús con sus discípulos y con cuantos encuentra en el camino.

Y vosotros, queridos laicos y consagrados, desde vuestro lugar en la misión compartida, acompañad a los sacerdotes, diáconos y seminaristas. Seguid mostrando vuestro cariño y cuidado por ellos. Dad gracias a Dios por su vocación al ministerio ordenado que tanto bien hace y tanto necesita el santo pueblo fiel de Dios.

Pidamos a la Virgen del Camino que nos guarde en su Corazón maternal como hijos y hermanos, para que nuestro presbiterio diocesano sea testigo de fraternidad sacramental y todos seamos testigos de la esperanza en Jesucristo sacerdote que da la vida por sus amigos. Amén.

 

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telefono Centralita: 987 21 96 80

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. // administracionEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

youtube   twitter