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2021 MARZO - SOLEMNIDAD DE LA ENCARNACIÓN

«Custodios y cuidadores de la vida»

✠ Luis Ángel de las Heras, cmfescudo episcopal D LuisAngel
Obispo de León

La Jornada por la Vida, que se celebra hoy, en la solemnidad de la Encarnación, bajo el lema Custodios de la vida, nos recuerda que la vida tiene un valor sagrado; que no podemos admitir como cristianos las propuestas de la cultura de la muerte y que también nosotros, como San José en este año especialmente dedicado a él, estamos llamados a ser “custodios de la vida” para promover la vida de comienzo a fin con toda su dignidad y belleza.

          Ser custodios de la vida como san José es proteger lo más preciado que tenemos. Como él, es proteger a Jesús y María. Y también, como afirma el papa Francisco, es proteger a cada uno de aquellos pequeños en los que está Jesús: cada necesitado, cada pobre, niño, débil, cada persona que sufre, cada moribundo, cada extranjero, cada prisionero, cada enfermo, cada esclavo.

          «De José debemos aprender el mismo cuidado y responsabilidad: amar al Niño y a su madre; amar los sacramentos y la caridad; amar a la Iglesia y a los pobres. En cada una de estas realidades está siempre el Niño y su madre», afirma el Papa.

          Ser custodios de la vida nos compromete a tener una valentía creativa para defenderla y promoverla en medio de las adversidades: el desprecio que sufre la vida, el poco valor que le dan algunos seres humanos; su comercialización, las propuestas de muerte, las guerras, las violencias, todo lo que atenta contra este precioso don.

          Es una misión imprescindible ser custodios de la vida porque, como afirmaba san Juan Pablo II, «la vida es siempre un bien».

         La vida es un don que proviene de la misteriosa y generosa voluntad de Dios. Así, toda vida vale la pena ser vivida puesto que en ella hay un orden previo y un destino profundamente querido por su Creador. La vida es un don que Dios da a aquellos que ama como solo Dios puede amar, con un amor infinito, con un amor eterno.

          Así la vida humana ha sido enaltecida a lo más alto cuando el mismo Hijo de Dios se hace hombre. «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Jn 1, 14).

          Desde luego, hoy es un día propicio para agradecer a Dios el don de la vida. Seamos agradecidos por este don de incalculable valor, que a lo largo de la historia de la humanidad ha estado infravalorado por muchos seres humanos. La gratitud por el don de la vida dará frutos de vida.

          Ser custodios de la vida nos hace también constructores de una cultura del cuidado. Cuidar la vida, cuidar a los seres humanos, cuidar la Creación. Durante la pandemia hemos descubierto la importancia de los cuidados. Custodios de la vida, seamos cuidadores y dejémonos cuidar.

          Finalmente, seamos defensores de la vida como sus custodios y cuidadores. Contagiemos la alegría y la esperanza que produce el encuentro con Jesucristo y daremos vida; seamos testigos del Dios que se ha encarnado para que tengamos vida y una vida en abundancia (cf Jn 10,10).

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