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2020 DICIEMBRE - EUCARISTÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS POR EL MINISTERIO PASTORAL

S.I. Catedral de León (11-XII-2020)           -         “Para alabanza de su gloria”

             Ef 1,3-14              Sal 137                     Mt 11,25-30

           

           Venerables hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio

            Sr. Alcalde de León, Autoridades civiles y militares, Representaciones

            Queridos fieles cristianos de León y de otros lugares:

            No es fácil centrarse en la escucha de la palabra de Dios cuando el corazón y la mente están sometidos, por las circunstancias, a una presión fuera de lo habitual, motivada hoy por mi despedida en vísperas de cesar en el ejercicio del ministerio pastoral en esta querida Iglesia de León -Legionense según la denominación eclesiástica-, a la que he procurado servir desde aquel ya lejano 28 de abril de 2002 cuando vine a ella. 

1.- La disposición establecida por el Derecho Canónico

           Como sabéis, Su Santidad el Papa Francisco aceptó mi renuncia, libre y personal, al referido ministerio presentada al cumplir los 75 años de edad, de acuerdo con la recomendación establecida por el Derecho Canónico (cf. CDC, cn. 401-402). Desde mi llegada a la diócesis de León en abril de 2002, han transcurrido 18 años plenamente dedicados, con el auxilio divino y con la generosa y valiosa colaboración del presbiterio, de la vida consagrada y del laicado, a la edificación de la Iglesia comunión y misión en este pueblo y a la santificación personal de todos sus miembros.

       Mi primer deseo y propósito entonces, al asumir la responsabilidad pastoral como así lo manifesté entonces, “fue primeramente, la santificación personal de todos los miembros del Clero, tratando de ser padre, hermano y amigo, accesible a todos” favoreciendo “la comunión fraterna dando y recibiendo el calor de la amistad, de la comprensión, de la ayuda mutua, a fin de alentar en la comunidad diocesana idénticas actitudes a imitación de Jesucristo, el Buen Pastor, y al servicio de la misión evangelizadora”.

            Manifesté también mi aprecio, estima y confianza en la Vida Consagrada refiriéndome a su “múltiple y rica contribución de carismas y tareas apostólicas” y a “la integración armoniosa de los miembros de los diferentes institutos en la pastoral diocesana” dedicando también un “afectuoso recuerdo a los innumerables misioneros y misioneras” leoneses, a muchos de los cuales he tenido la satisfacción de conocer y apreciar en los encuentros anuales al llegar las vacaciones del verano. Junto a estos deseos he procurado también, con la ayuda del Señor y de los responsables del laicado fomentar en este ámbito ”la comunión fraterna dando y recibiendo el calor de la amistad, de la comprensión y de la ayuda mutua”.

2.- Acción de gracias por los bienes recibidos

            Estas eran las intenciones, los deseos y las principales opciones pastorales que manifesté entonces. Sólo el Señor sabe, y en alguna medida también vosotros podéis saberlo, si aquellos propósitos se han hecho realidad. Pero no es el momento de hacer balances, siempre imprecisos y arriesgados en lo que tiene que ver con la misión pastoral de la Iglesia. Pero, en todo caso, el juicio definitivo se lo confío al Señor, esperando también su misericordia. A vosotros os la pido también, consciente de mis limitaciones y fallos, en lo que haya podido faltar a los sagrados deberes de mi ministerio.

           El evangelio que se acaba de proclamar me sugiere también una humilde acción de gracias por los bienes recibidos y por los que el Señor se ha dignado otorgarme y otorgaros a través del ministerio pastoral. No en vano los obispos y presbíteros somos enviados y mediadores de nuestro Buen Pastor, Jesucristo, llamados a actuar en su nombre y con unas facultades que no provienen de nosotros mismos sino de un don espiritual, un carisma, fruto del sacramento del Orden. Por eso tenemos que recordar siempre que la función pastoral nos pide y exige una coherencia existencial con aquello que realizamos y celebramos. El día de nuestra ordenación sacerdotal, al sernos entregada la ofrenda del pan y del vino para presentarla a Dios, se nos dijo a cada uno: “Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras y conforma tu vida  con el misterio de la cruz del Señor”. Todo un programa de espiritualidad y de vida.   

3.- Instrumentos del Señor al servicio de la Iglesia

             Por eso no hay, no puede haber, lugar para la presunción o la vanidad en nuestra vida. Una premisa importante que todo enviado o ministro de Cristo debe entender y traducir en su conducta es que, como hijos de Dios también, somos intermediarios e instrumentos suyos para el servicio de la entera comunidad cristiana. Por eso decía también San Pablo: “Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos” (Ef 2,10).

            Celebraciones como la presente nos invitan y, en cierto modo, nos exigen un examen de conciencia sincero y profundo: ¿Qué frutos ha producido mi ministerio, mi dedicación de tantos años a la misión confiada por la Iglesia junto a la gracia sacramental?  Aunque es cierto lo que dice también el mismo apóstol: “fue Dios quien hizo crecer; de modo que, ni el que planta es nada, ni tampoco el que riega; sino Dios, que hace crecer” (1 Cor 3,6b-7), uno no se considera exonerado de la responsabilidad contraída al aceptar la misión. Todo lo contrario. Mirando a la etapa activa del ministerio sacerdotal y episcopal, creo que todo servidor de Cristo y de la Iglesia termina convenciéndose que, efectivamente, ha sido Él quien nos ha llamado, nos ha santificado, nos ha enviado, nos ha acompañado y sostenido y, en definitiva, quien ha hecho crecer y fructificar la semilla con la gracia del Espíritu Santo.

            Por todo esto no cabe sino una rendida, sincera y profunda acción de gracias al Autor de todo bien, como también a los que me acompañáis en este momento y los que se unen desde otros lugares. Que todo sea para la mayor gloria de Dios y la santificación de todos los fieles. Que la Santísima Virgen del Camino, San Froilán y todos los Santos y beatos leoneses nos guarden y acompañen a todos.

+ Julián, Obispo Administrador Apostólico de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telefono Centralita: 987 21 96 80

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