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2020 DICIEMBRE - ORDENACIÓN DE UN DIÁCONO

(S.I. Catedral, 7 de diciembre de 2020)

 “La palabra de Dios iba creciendo”

            Hch 6,1-7b; Sal 95            Jn 15,9-17

            Hermanos presbíteros concelebrantes, queridos rectores, formadores, profesores y alumnos de nuestros Seminarios de San Froilán y “Redemptoris Mater ‘Virgen del Camino’”.

                       Muy querido candidato al diaconado Thierry Rabenkogo Mbourou[1], verdadero regalo de la Providencia divina a nuestra diócesis y a nuestro clero. Al celebrar hoy tu ordenación diaconal, en vísperas de mi relevo en la Sede Legionense, quiero ver todo un signo de la bondad y del amor del Señor y, por tanto, de esperanza para León. Y no solamente porque confío en tu propia perseverancia, de manera que la etapa de ejercicio del ministerio diaconal que hoy vas a recibir culmine en la ordenación presbiteral, sino también porque esta ordenación nos ayuda a todos a comprender que la misión de la Iglesia es universal, no solo en la finalidad del envío misionero a todas las gentes y pueblos del mundo sino también en la vocación o llamada de quienes son enviados.

1.- Una ordenación que es todo un signo para nuestra Iglesia local

             Querido Thierry: Tu ministerio, ahora como diácono incardinado ya en esta diócesis y muy pronto como presbítero, porque el tiempo pasa enseguida, enriquecerá el apostolado y la acción pastoral de nuestra Iglesia local que en ti recibe -no quiero dejar de recordarlo también- una muy hermosa respuesta de la Providencia divina a la generosidad misionera de León. Todos los años, aunque el número de participantes, ha venido descendiendo por causas naturales, a comienzos del verano se celebra el “Encuentro diocesano de misioneros y misioneras leoneses”, en su gran mayoría miembros de Institutos de Vida Consagrada y que disfrutan de unas breves vacaciones en sus lugares de origen.

            Todo un signo que no se puede olvidar ni perder, a pesar de la sequía vocacional que afecta también a los Institutos de Vida Consagrada. León ha tenido siempre y ha ofrecido a la Iglesia incontables misioneros, algunos muy famosos. Esta veta, no lo olvidemos, corre paralela a la de la promoción de la vida cristiana de manera que, al fomentar las vocaciones, todas las vocaciones, se está reforzando y promocionando la comunidad cristiana.


2.- El diaconado vinculado al ministerio episcopal

             Es curioso. La idea y la elección de unos discípulos de los apóstoles para ayudarles en su ministerio, esencialmente evangelizador, según lo escuchado en la primera lectura, surgió ante la necesidad de aquellas primeras comunidades cristianas de no descuidar la palabra de Dios, es decir, la predicación del Evangelio a tenerse que ocupar también de otras tareas, igualmente necesarias, como el ejercicio de la caridad, denominado “servicio de las mesas” como señala el relato. Preciosa lección pastoral que cabe interpretar como la conveniencia de atender de manera equilibrada a las diversas funciones pastorales y caritativas. La Iglesia se debe a la obra de la salvación, pero esta es una realidad integral y, en cierto modo, jerarquizada también, es decir, equilibrada no tanto en los fines como en los medios. De ahí la variedad y riqueza de todas las vocaciones en la Iglesia.

            En el fondo la clave que unifica ministerios, funciones y dedicaciones, está en el amor de Dios asumido y compartido por todos los miembros de la Iglesia. Aquí reside la raíz de toda misión o acción pastoral, tanto en el ámbito del sacramento del Orden, es decir, el sacerdocio cuya plenitud es el episcopado, y el mismo diaconado que, además de constituir una ayuda de carácter litúrgico al ministerio sacerdotal, nació primeramente para lo que en el Libro de los Hechos de los Apóstoles se denomina el “servicio de las mesas”, servicio de la caridad y, en el fondo, de promoción humana. Es importante este detalle, porque revela el sentido que se daba al trabajo de servir a los que pasaban alguna necesidad, tarea  equiparada al propio trabajo apostólico de la oración y de la predicación.

3.- Al servicio de la palabra de Dios

             Los apóstoles estaban principalmente al servicio de la palabra de Dios, el anuncio del evangelio, mientras que los diáconos (como fueron llamados desde el principio: la palabra quiere decir “servidores”) debían ocuparse de la atención a los pobres y necesitados. Después vendrían otras funciones de carácter litúrgico, pero no deja de ser significativo que el ministerio de la caridad está indisolublemente unido al ministerio de la liturgia. No son funciones contrapuestas, sino interrelacionadas, porque en definitiva se trataba, y así ha de ser, del servicio integral a los hombres partiendo para ellos tanto el pan de la palabra de Dios y de la Eucaristía como el pan material como alimento.

            Ambas funciones son esenciales en la formación del pueblo de Dios y para el testimonio del pueblo de Dios en el mundo. La vida de la comunidad dependía y depende de ambas formas de servicio como puede deducirse del mensaje de san Lucas que no deja una sensación de que una obra sea más poderosa o más espiritual que la otra. En definitiva se trata de hacer realidad entre nosotros lo que dijo el Señor en la última Cena: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor” (Jn 15,9). Nunca meditaremos lo suficiente en estas y en las demás palabras del Señor. Pero lo importante es que las hagamos nuestras y las pongamos en práctica.

            No quiero terminar esta homilía sin recordar que estamos en la víspera de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Como sabéis, Ella que brilla en la Iglesia como señal y modelo de la cooperación a la gracia divina. El misterio que celebraremos mañana nos habla de la absoluta gratuidad por parte de Dios que la eligió y de la sublime y absoluta belleza que adorna a la Madre del Redentor. Felicitémosla ya hoy reconociéndola “bendita entre todas las mujeres”.

+Julián, A.A. de León

[1] Thierry, natural de Port Gentil, Gabón (1985), bautizado en la Parroquia de Saint Louis, es el menor de una familia de nueve hermanos y se formó en el Liceo ‘Raponda Nalken’ de su ciudad natal, atendido por la comunidad de los Hermanos de San Gabriel. Desde su país viajó en el año 2007 a León, con una beca para ampliar estudios en el Centro de Idiomas de la Universidad de León, completando su formación en la licenciatura en Derecho (2009-2014). En septiembre del año 2013 ingresó en el seminario Conciliar ‘San Froilán’, donde inició sus estudios eclesiásticos, que completa este año 2020 al obtener el Grado Superior en Teología, que imparte el Centro Superior de Estudios Teológicos de León (CSET) San Froilán, máximo órgano docente diocesano afiliado a la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA).

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