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2020 OCTUBRE - APERTURA DEL CURSO 2020-21

del Centro Superior de Estudios Teológicos, del Seminario de San Froilán, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y de la Escuela Beato Antero Mateo

(Capilla del Seminario Diocesano, 6-X-2020)

 “Vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden”

Dt. 8,7-18; 1 Crón 29,10-12                 (2 Cor 5,1-21)                  Mt 7,7-11

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bendiciones espirituales” (Ef 1,3)

         He procurado que las primeras palabras de esta homilía fuesen de alabanza y de gratitud al Señor porque volvemos, después de una larga ausencia por obras, a la iglesia de nuestro “Seminario de San Froilán” para celebrar la Eucaristía y otros actos litúrgicos diariamente y en ocasiones importantes como la presente, de inauguración de un nuevo curso académico. En este agradecimiento quiero recordar también a quienes han hecho posible que nos encontremos nuevamente en este lugar sagrado, el más importante del Seminario al estar destinado a la presencia sacramental de Jesucristo y a las celebraciones litúrgicas y actos de piedad. 

1.- Saludo a Mons. Jesús Fernández, Obispo de Astorga

Muy querido hermano en el episcopado y siempre cercano D. Jesús, Obispo de Astorga. Gracias con el afecto de siempre y hoy por este gesto de participar con nosotros en la Eucaristía de comienzo del curso del Centro Superior de Estudios Teológicos y del Seminario diocesano de San Froilán en León, acompañando a los alumnos de tu Seminario diocesano de la Inmaculada y de Santo Toribio en Astorga. Saludo también a los representantes de la Escuela diocesana teológico-pastoral “Beato Antero Mateo” en León. Y lamento que no puedan acompañarnos el Rector, los formadores y los alumnos de nuestro Seminario “Redemptoris Mater Virgen del Camino” por causa del confinamiento obligado por la situación de pandemia que estamos padeciendo.

Queridos concelebrantes y presbíteros presentes, profesores, alumnos y personal no docente de los referidos Seminarios y Centros de formación. Hermanas y hermanos todos en el Señor:

2.- Gratitud en el comienzo del nuevo curso

Un año más, por la bondad de Dios, nos disponemos a inaugurar un nuevo curso académico. Lo hacemos invocando los dones del Espíritu Santo, especialmente los que  hacen referencia a la sabiduría y a la fortaleza, porque creemos y confiamos en el auxilio divino por encima de nuestros buenos deseos y propósitos, aunque a veces optamos por seguir nuestros propios criterios y planteamientos. Por eso, conscientes de que, para dar frutos abundantes tanto en el plano personal de nuestra vida cristiana como en el ámbito de nuestros ministerios y tareas de apostolado, necesitamos permanecer unidos a N.S. Jesucristo como los sarmientos a la vid (cf. Jn 15,4).

En algunos Seminarios recuerdo haber visto un rótulo a la entrada de la capilla con esta inscripción: Aula Dei. Aula Dei, sí, porque esos recintos se anuncia y estudia la palabra de Dios, la que se explica en la homilía y, no lo olvidemos, la que se debe acoger y asimilar en la plegaria comunitaria y en el coloquio silencioso del discípulo que quiere escuchar al Divino Maestro, Jesucristo, que, en palabras del Concilio Vaticano II, “se hace siempre presente  a su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica” (SC 7). Uno de esos modos, como sabéis, se realiza en la proclamación de la palabra.

3.- La palabra de Dios que ha sido proclamada

Hoy concretamente,  las lecturas que se acaban de proclamar, propias de las Témporas de Acción de Gracias y de Petición, nos ofrecen pensamientos y motivos para dar gracias al Señor por los bienes que nos otorga y para que oremos por las necesidades de todos los hombres. Por tanto pidamos hoy y en referencia a la apertura del nuevo curso por los dones más directamente relacionados con el saber y el actuar, los ya mencionados de la sabiduría y la fortaleza. Estas virtudes son muy necesarias para nuestra vida cristiana, tanto en el ministerio pastoral como en la dedicación al estudio y a la formación académica.

Nos lo sugería el propio texto evangélico: Pedid y se os dará” (Mt 7,7a). Las virtudes cristianas, especialmente las que tienen que ver con nuestra vida espiritual bajo la acción más directa, si podemos hablar así, del Espíritu Santo como sucede con sus siete dones, requiere por nuestra parte una sincera humildad y una notable disponibilidad para dejarnos trabajar por el Espíritu que, en palabras de san Pablo, “viene en ayuda de nuestra flaqueza” no solo para que oremos como conviene (cf. Rm 8,26-27), sino también para que actuemos siempre en coherencia con los bienes que hemos recibido (cf. 1 Cor 4,7). Dentro de esa actitud general se encuentra, como no podía ser menos, nuestra respuesta o correspondencia a los bienes que recibimos según la vocación y misión de cada uno. Tomar conciencia de esta realidad es un signo de coherencia personal y de madurez cristiana y apostólica y una cierta garantía de eficacia en nuestra vida y ministerio.

4.- Llamados para una función pastoral

Permitidme, finalmente, una palabra sobre esta doble realidad que debe estar presente tanto en los profesores como en los alumnos, como beneficiarios todos de una actividad muy importante y decisiva para el ministerio sacerdotal. En efecto, profesores y alumnos, podéis sentiros llamados con una especial vocación, la de escrutar, investigar y sobre todo conocer a fondo lo que conocemos como los misterios de la fe y la vida espiritual y moral. De un modo o de otro, según las circunstancias personales, todos podéis sentiros convocados para vuestra actual tarea y misión. Os ha llamado la Iglesia, y por medio de ella os ha llamado el Señor. A los profesores para que ejerzáis una función que, en términos generales, Él mismo realizó en su vida mortal confiándola después, en cuanto a su especifico objeto y realidad, a los apóstoles y sus sucesores, que no somos solo los obispos sino, en sentido amplio, todos los ministros de la palabra. Y a los alumnos porque, además de formaros y enriqueceros actualmente, estáis llamados también a ejercer un día el ministerio de la palabra en todas sus formas.

Esta es ahora vuestra vocación y misión. Para esto habéis sido llamados y no de una manera circunstancial o por casualidad, sino porque el Señor os ha elegido. No vivimos tiempos fáciles, como sabéis perfectamente. Pero esta realidad, lejos de desanimaros, puede y debe convertirse en un reto y en un estímulo para todos, formadores, profesores y alumnos. La luz y la gracia del Espíritu Santo no os faltará, como tampoco el aliento y el apoyo de toda la comunidad diocesana, empezando por el del vuestro obispo. Con esta esperanza y contando con la poderosa intercesión de la Santísima Virgen María, Trono de la Sabiduría, de san Froilán y de los Santos y Beatos leoneses, entremos todos en el nuevo curso académico y pastoral.

+ Julián, Obispo de León

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Telefono Centralita: 987 21 96 80

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