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2020 OCTUBRE - SOLEMNIDAD DE SAN FROILÁN, PATRONO DE LA DIÓCESIS

(S. I. Catedral, 5-X-2020)

Para el perfeccionamiento de los santos

Ez 34,11-16; Sal 22                 Ef 4,1-7.11-13                    Mt 28,16-20     

         Como sabéis, la situación sanitaria que estamos padeciendo a causa de la pandemia de la COVID-19 ha obligado a adoptar una serie de medidas de carácter sanitario y social, e incluso de carácter litúrgico-pastoral como supresión de celebraciones, reducción de la participación de los fieles y colocación adecuada de los asistentes, uso de mascarillas en interior de las iglesias, etc. Hemos aceptado estas medidas y las ponemos en práctica por el bien de todos. Pero pidamos también al Señor que esta situación cambie pronto y que no deje secuelas que tengamos que lamentar posteriormente.

1.- La figura de San Froilán

Hoy evocamos con gozo la figura de San Froilán, nuestro intercesor ante Dios como Patrono de la diócesis y de nuestro Seminario Mayor. En él honramos al más insigne Obispo Legionense como referencia fundamental de las raíces cristianas de nuestro pueblo y adelantado de una época lejana pero, sin duda, muy prometedora entonces para estas tierras del viejo Reino de León. Aquí están, bajo el altar mayor de la catedral las reliquias de nuestro Santo, recordando la vinculación de los bienaventurados con el Sacrificio eucarístico que se ofrece para la salvación de todos.

No en vano los santos, por su vida de perfección manifestada en los más diversos estados y situaciones personales, nos ofrecen un modelo de lo que ha de ser la existencia de todo cristiano, sea cual sea el estilo de vida que adopte o en el que se encuentre. San Froilán fue, ante todo, un monje en Moreruela junto con san Atilano, el patrono de Zamora. Ambos son considerados como “fundamentos”, expresión que no coincide exactamente con la de “fundadores” de las Iglesias locales pero que responde de alguna manera, por analogía, a la promesa del Señor hecha a Pedro en relación con la totalidad de la Iglesia (cf. Mt 16,18).  Porque la llamada a la santidad que está en la base de toda vocación cristiana, es para todos, clérigos y seglares, hombres y mujeres, instruidos y no instruidos. Y la santidad consiste esencialmente en vivir lejos de toda forma de pecado, tratando de “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”, según la respuesta del Señor al escriba que le preguntaba por lo necesario para (cf. Mt 22,37-40).

2.- El alimento de la fe y de la vida moral

Es cierto que el contexto social y cultural en el que nos encontramos influyen considerablemente en nuestra existencia y no de manera positiva, pero tenemos la luz de la fe y la fortaleza de la esperanza para participar en la vida cristiana, ayudados por la palabra de Dios y el ministerio de los sacerdotes y demás colaboradores en la misión pastoral de la Iglesia.

Todos los fieles cristianos, sea cual sea su estado de vida, la situación o el ámbito familiar, social o profesional en que se encuentren, tienen la posibilidad de alimentar personalmente su fe y su conducta moral, convencidos del valor de lo que significa ser discípulos de Jesucristo y miembros vivos de la comunidad de la Iglesia. Porque todos necesitamos el apoyo de la fe. Y este apoyo lo recibimos en la medida en que permanecemos unidos fielmente a una comunidad cristiana, sea la parroquia, sea una asociación religiosa, sea muy especialmente la familia unida y sustentada en el amor cristiano. Una vez más, hemos escuchado hoy en el evangelio el mandato misionero del Señor: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos... y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28,19-20).

3.- Llamados a vivir la fe y proyectar la esperanza

Estas palabras del Señor contienen para toda la Iglesia no solamente el mandato misionero de la evangelización, sino también una certificación de que la comunidad eclesial pero también la familia cristiana que procura vivir la fe y transmitirla a sus hijos, son el ámbito privilegiado donde esta virtud nace, se desarrolla y se vive con autenticidad y alegría. Y, como sabemos, la fe genera, alimenta y sostiene la conducta moral.

Por eso, si queremos proyectar la luz del Evangelio, la alegría de la fe y la fortaleza de la esperanza en todos los ámbitos de la vida, es necesario que los fieles cristianos y no solo los sacerdotes y los religiosos, cooperen en la edificación de un nuevo orden de cosas cimentado sobre la verdad y el amor, virtudes y valores que aseguran no solo la felicidad y la paz en esta vida sino también la esperanza de alcanzar en la eterna.

Que la Santísima Virgen del Camino y San Froilán, nuestros celestiales patronos, con su poderosa intercesión, nos obtengan de Dios los bienes que pedimos para el pueblo leonés, para los responsables de la vida pública y de todas las instituciones, y para nosotros mismos. Hoy, especialmente, nuestra oración y el ofrecimiento de esta eucaristía, se centran en la peligrosa pandemia del COVID que está afectando de manera preocupante a nuestra capital y a su entorno. 

+ Julián, Obispo de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telefono Centralita: 987 21 96 80

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