Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. 

2020 AGOSTO - EUCARISTÍA EN SUFRAGIO DEL ILMO. SR. D. ANTONIO TROBAJO (+)

DEÁN DE LA S.I.C. DE LEÓN Y VICARIO E. DE RELACIONES PÚBLICAS
Santa Iglesia Catedral 3-VII-2020

 “La gracia y la misericordia son para sus elegidos”

Sab 4,7-15;  Sal 26               Mt 11,25-30

 

            El pasado día 11 de abril, sábado santo, cuando la Iglesia esperaba en vela silenciosa el anuncio de la Resurrección de su Redentor y Esposo, completaba su peregrinación terrena D. Antonio Trobajo. El dolor que sentimos entonces cuantos le estimábamos y nos hemos beneficiado de su sabiduría y otras dotes humanas y sacerdotales, se vio aumentado por las dificultades impuestas por la situación de pandemia que ya había sido declarada y que no nos permitió celebrar sus exequias.

1.- El ministerio pastoral de D. Antonio Trobajo

             Hoy podemos ya reunirnos en asamblea litúrgica, aunque todavía con alguna limitación, para celebrar el sacrificio eucarístico en sufragio de quien, siendo hermano de todos en la fe y de los presbíteros diocesanos en el ministerio y en la dedicación a nuestra Iglesia local, gastó su vida, su saber y su bonhomía de carácter y de conducta. D. Antonio ha sido un sacerdote al que la Iglesia, nuestra Iglesia diocesana, debe mucho. Su curriculum intelectual y pastoral es largo y denso, tanto en el ministerio parroquial y en el ámbito de los organismos diocesanos como en el Seminario y en otros centros de enseñanza, en la pastoral universitaria y en los medios de comunicación. Licenciado en Teología y en Ciencias Clásicas, fue también Vicario General, canónigo y Deán de la Catedral, Vicario Episcopal de Relaciones Públicas, Director del CSET y, ante todo y sobre todo, un servidor del Evangelio y de la Iglesia extraordinariamente valioso, ilustre y abnegado.  

Nuestra oración y nuestros sufragios por él, como por todos los demás presbíteros de nuestra diócesis que nos han dejado en esta tremenda etapa que nos ha tocado vivir y que aún no ha concluido totalmente, buscan aliento y apoyo en la palabra de Dios y en el misterio de la comunión de los Santos. Acontecimiento que tratamos de percibir siempre que nos reunimos para ofrecer la Santa Misa por “quienes nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz” (Canon Romano).

2- Madurez cristiana y sacerdotal

En este sentido la primera lectura que se ha proclamado, el pasaje del libro de la Sabiduría (4,7-15), nos ha recordado que la verdadera y venerable madurez religiosa no consiste sólo en la edad avanzada, sino en la sabiduría misma y en una existencia pura y sin malicia. Y si el Señor llama a un discípulo cuando todavía trabaja en la viña, es porque sobre él tiene un designio de elección, aunque para nosotros resulte desconcertante: “Agradó a Dios y Dios lo amó… Lo arrebató para que la maldad no pervirtiera su inteligencia ni la perfidia sedujera su alma”, hemos escuchado en la primera lectura (cf. Sab 4,10.11). Por eso la muerte de una persona a la que amamos, aunque nos pueda parecer prematura, puede encerrar para todos una invitación a no limitarnos a vivir de modo mediocre, sino a tender lo mejor posible hacia la plenitud de la existencia.

En el texto de la Sabiduría había un fuerte contraste que aparece también en el texto evangélico cuando el Señor alude a lo que está “escondido… a los sabios y entendidos” y, sin embargo, les ha sido “revelado a los pequeños” (Mt 11, 25). En ambos pasajes bíblicos se manifiesta el fuerte contraste entre lo que aparece a la mirada de los hombres y lo que, en cambio, ven los ojos de Dios. Nosotros mismos, creyentes, catequistas y educadores cristianos, e incluso ministros de la palabra divina, padecemos a veces esa especie de miopía más propia del mundo que de los seguidores de Jesús. Y como la mayoría de la gente, consideramos afortunados a quienes viven muchos años, pero Dios no tiene en cuenta la edad sino la rectitud del corazón.

3.- Reconocimiento y esperanza

Nuestra sociedad, más o menos ilustrada, acostumbra a dar crédito generalmente a los que considera "doctos" y "sabios" según lo humano, mientras que Dios siente predilección por los "pequeños", es decir, por los que buscan honestamente la verdad y tratan de actuar coherentemente, sean o no maestros o ministros de la Palabra de Dios, sean o no simples alumnos u oyentes de esa palabra que, en definitiva, es la que ilumina, la que interpela, la que edifica.   

      Queridos hermanos y fieles que participáis en esta celebración, especialmente los familiares y las personas más cercanas a D. Antonio: la esperanza y el consuelo que buscamos se nos ofrecen en esta celebración eucarística en virtud del misterio de la comunión de los Santos que nos une a los que todavía peregrinamos con quienes han partido ya para la casa del Padre. Que esta verdad de nuestra fe, extraordinariamente consoladora y confortante, ayude a todos a vivir y asimilar las realidades más dolorosas como es la pérdida, temporal -no lo olvidemos- de nuestros seres más queridos. Como dice la liturgia: “Nos sostiene la esperanza en la feliz resurrección, de modo que, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la feliz resurrección…”

+Julián, Obispo de León

Nota.- Lecturas: Leccionario V (ed. 2018), pp. 474 y 507; Salmo, ib., p. 483.

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telefono Centralita: 987 21 96 80

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. // administracionEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

youtube   twitter