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2020 AGOSTO - MISA DE LA VIGILIA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA B. V. MARÍA

Convento de la Stma. Trinidad y la Virgen del Carmen (León, 14-agosto-2020)
Con motivo del centenario de la fundadora Madre María Consuelo de Jesús Crucificado (+24-I-1995)

“El Arca de Dios en el centro de la tienda”

            1 Crón 15,3-4 etc.; Sal 131               1 Cor 15,54-57               Lc 11,27-28

           Considero un regalo del Señor participar en esta Vigilia de la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma a los cielos. Son muy pocas en número las celebraciones del calendario litúrgico que gozan actualmente de vigilia permitiendo comenzar la fiesta convocando al pueblo cristiano ya con las primeras vísperas. Esto nos permite e invita a entrar gozosamente en la gran fiesta de la Santísima Virgen María que conmemora su entrada en el cielo, imitando así la gran celebración de la Pascua de Cristo en la noche santa de la resurrección. No en vano, la fiesta de hoy es considerada justamente como la “Pascua de María”, es decir, su tránsito de este mundo “a la gloria celeste” y en la plenitud de su ser, es decir, “en cuerpo y alma” como afirmó solemnemente el entonces  papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950, en la Bula Munificentissimus Deus. Por eso la liturgia de esta fiesta no se cansa de proclamar: “¡Qué pregón tan glorioso para Ti, Virgen María! Hoy has sido elevada por encima de los ángeles y con Cristo triunfas para siempre”.

1.- María, “Arca de la nueva Alianza”

            La liturgia de esta vigilia compara a la Santísima Virgen con el Arca de la Alianza en la que Moisés guardó las tablas de la Ley, los diez mandamientos grabados en piedra como recordatorio del amor por parte de Dios en favor de su pueblo, y del compromiso de fidelidad de este. Nos lo recordaba la I lectura de la Misa al evocar el pasaje del Antiguo Testamento que narra el traslado del Arca a su lugar definitivo en el santuario mandado levantar por Señor al rey Salomón en el monte Sión, donde todavía actualmente, pero convertido en una mezquita, ciertamente bellísima, se evoca el amor de Dios por su pueblo. El Templo de Jerusalén fue el lugar elegido por Dios en el Antiguo Testamento para morada perpetua, lugar al que nuestro Salvador acudía también para orar y donde pronunció algunos de sus más memorables discursos.

            La evocación del Arca de la Alianza por la liturgia de esta fiesta de la Santísima Virgen cobra todo su significado por dos motivos. El primero porque María, al anunciárselo el ángel, concibiendo en su seno virginal se convirtió, Ella misma, en la “morada” viviente del Hijo de Dios encarnado en medio de los hombres, como recuerda el evangelista san Juan: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14). Por eso, primero el pueblo cristiano desde tiempos muy remotos y, finalmente, el papa Pío XII, ya citado, reconocieron y proclamaron que la muerte no podía apropiarse de aquel cuerpo virginal que había cobijado al Hijo de Dios hecho hombre y, en consecuencia, María fue así glorificada en la totalidad de su ser.

2. - “Puerta del cielo” siempre abierta

Desde entonces María, invocada también como “Puerta del cielo”  y “Estrella de la mañana”, es también referencia segura y centro de atracción de las plegarias de los discípulos de Jesucristo. El “haced lo que Él os diga” que brotó de sus labios en Caná de Galilea (cf. Jn 2,5) y que constituye, como han afirmado algunos predicadores de la palabra de Dios, el “mandamiento de María”, es la condición indispensable para obtener de Ella todos los dones, beneficios o gracias que necesitemos en esta vida. No en vano el pueblo cristiano la invoca y proclama confiado: “vida, dulzura, esperanza nuestra” en el célebre canto de la Salve. Por eso mismo el Concilio Vaticano II proclamó solemnemente lo que constituye la experiencia permanente del pueblo cristiano en relación con María, que “asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna”  (LG 62).

Celebremos gozosamente la Asunción de Nuestra Señora. La fiesta debe llenarnos a todos de alegría y de esperanza. Y en este ambiente jubiloso ya desde la víspera, situemos también la conmemoración que están haciendo nuestras hermanas carmelitas de este querido Convento de la Santísima Trinidad y la Virgen del Carmen, y que han querido celebrar también, con gratitud y alegría, el centenario del nacimiento de la fundadora, la Hermana María Consuelo de Jesús Crucificado.

3.- Acción de gracias por nuestro convento carmelitano de León

¡Cómo no asociarnos al gozo y a la acción de gracias de nuestras hermanas carmelitas que están celebrando el centenario de la citada hermana, de la que el Señor se sirvió para que en León tuviéramos “un palomarcico de Nuestra Señora”¡ Por cierto, fundación realizada desde el convento de Ciudad Rodrigo que envió las primeras monjas, e iniciativa en la que intervinieron decisivamente numerosas personas como la familia Crespo y, sin duda “en espíritu” la propia Santa Teresa de Jesús, cuyo brazo incorrupto empezaba a recorrer España en aquel momento y fue traído expresamente a León para el acto fundacional de su nuevo convento.

Al preparar esta homilía, en la expectativa de la vigilia y fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, acontecimiento de fe que la liturgia evoca e interpreta a la luz de la tradición bíblica acerca del Arca de la Alianza, me he encontrado con una antigua y muy bella leyenda judía alusiva a la desaparición del Arca cuando Jerusalén fue destruida por el ejército de Babilonia el año 587 a.C. Según esa leyenda el profeta Jeremías se había llevado el Arca y la escondió en un lugar secreto de manera jamás se volvió a tener noticia de ella. No obstante, san Juan en el Apocalipsis la contempla en el cielo (cf. Ap 9,4: 2ª lectura de la Misa del día). De todos modos la liturgia ha relacionado esa creencia con la Santísima Virgen como referente del final de su existencia terrena, es decir, del acontecimiento que hoy celebramos, la glorificación de María en la totalidad de su ser, como afirmó el papa Pío XII al definir el dogma de la Asunción de María a los cielos: "La Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial".

+Julián, Obispo de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telefono Centralita: 987 21 96 80

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