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2020 JULIO - DOMINGO XIV DE TIEMPO ORDINARIO

S.I.  Catedral de León, Ordenación de dos diáconos  (S. Iglesia Catedral, 5-VII-2020)

"Te doy gracias, Padre, porque…has revelado estas cosas a los pequeños”

               Zac 9,9-10; Sal 144                   Rom 8,9.11-13                               Mt 11,25-30

            El evangelio que se acaba de proclamar, sintetizado en el verso del aleluya de este modo: “Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a los pequeños” (cf. Mt 11,25), constituye una de esas perlas preciosas que, entresacadas del Evangelio, nos permiten asomarnos con asombro y alegría a las actitudes religiosas de nuestro Señor Jesucristo que, siendo el Hijo encarnado de Dios y por lo tanto, semejante en todo a nosotros menos en el pecado, se dirige a su Padre de una manera directa, tierna y trasparente, mostrándonos una vez más como hemos de orar (cf. Lc 11,2).

1.- El Señor ha querido comunicarnos su propio sentido de la oración

        Como sabéis, la plegaria cristiana, en la más pura línea de la oración bíblica, se caracteriza ante todo por la confianza propia de los hijos que se apoyan espontáneamente en sus padres. En este sentido en la Biblia y en la liturgia Dios es siempre bendecido como fuente de todo don o gracia. Él mismo quiso dar a conocer a los hombres el “misterio de su voluntad” (Ef 1,9), es decir, su designio de salvación, dirigiéndose preferentemente a los humildes y sencillos, a los que en el anuncio de las bienaventuranzas llamó “pobres en el espíritu”, “mansos”, “misericordiosos”, “limpios de corazón”…(cf. Mt 3,3ss.). 

        Por eso las palabras del Señor en el evangelio de hoy contienen mucho más que una enseñanza o una mera táctica o método, aparentemente para conducirse en una sociedad que admira y aplaude a los poderosos de este mundo. Si entendiéramos así el mensaje evangélico, estaríamos adulterando su contenido y anulando su fuerza de salvación. Recordemos, por ejemplo, lo que san Pablo escribía a los fieles de Corinto: "Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos… todo lo contrario… ha escogido lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor" (1 Cor 1, 27-29; cf. Sab 10,21; Eccl. 3,18-19).

2.- Pero nos propone también unas coordenadas prácticas de conducta

         Enmarcada nuestra celebración en este clima de cercanía y de confianza con el Señor, nos será más fácil a todos vivir esta ordenación como un acontecimiento de gracia y de gozo espiritual. Por eso, queridos elegidos para el ministerio del diaconado, hermanos presbíteros y cuantos desempeñáis, por vocación o por dedicación personal, un magisterio u otra función pastoral en la Iglesia, tomemos conciencia de que el Señor no nos ha puesto para que brillemos con nuestro saber o con nuestras cualidades personales. El Señor nos ha elegido a nosotros, en realidad a todos sus discípulos, para que manifestemos de palabra y de obra su mensaje de salvación y su presencia viva en la sociedad y en el mundo. Por eso nos ha invitado también a procurar no salirnos nunca de un guión de conducta práctica que no puede ser más claro, definido por la mansedumbre y la humidad: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”  (Mt 11,29).

        Bajo otro aspecto san Pablo, en el fragmento de la Carta a los Romanos que se ha proclamado como II lectura venía a decirnos también que hemos de vivir no “según la carne”, es decir, siguiendo los deseos primarios y apetencias desordenadas que a veces anidan en nosotros a causa del pecado, sino “en el Espíritu”, es decir, dejándonos guiar y apoyarpor el mismo Espíritu (Santo) que habita” en nosotros (cf. Rom 8,9.11). Porque el Espíritu Santo es el maestro interior enviado por Cristo no solo para iluminarnos y guiarnos sino también para fortalecernos en la perseverancia de la vida cristiana.

3.- Recomendación final y felicitación

         Queridos elegidos para el diaconado: Hoy recibís el sacramento del Orden en el grado del Diaconado. Vais a ser consagrados para continuar en la Iglesia el ministerio que los Apóstoles confiaron a “siete varones acreditados ante el pueblo” para confiarles “el cuidado de los pobres”. La Iglesia os confía también “el servicio” del altar del Señor. No son dos acciones opuestas sino complementarias: en los pobres, es decir, las personas a quienes atendáis tanto en el cuerpo como en el espíritu está el mismo Señor a quien serviréis en la liturgia. No hay ni debe haber, por tanto, oposición alguna en vuestras funciones pastorales y actitudes personales. Es el mismo Señor Jesucristo el que os ha llamado para que le representéis en todos los actos de vuestra vida y ministerio.      

      Al acogeros también, con idéntica alegría y esperanza, en el ministerio pastoral de nuestra diócesis, confiamos que os dediquéis a trabajar con ilusión, alegría y convicción personal por el reino de Dios. Enseguida se os va a señalar una misión o tarea pastoral. Recibidla como una gracia del Señor que quiere contar con vosotros. Pero procurad imitarle en esas actitudes tan hermosas de la mansedumbre y de la humildad que nos ha propuesto a todos en el evangelio de hoy.

       Enhorabuena a vosotros y a vuestras familias, a los Seminarios de san Froilán y Redemptoris Mater “Virgen del Camino” y aun a toda la comunidad diocesana.

+Julián, Obispo de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telefono Centralita: 987 21 96 80

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