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2020 Abril - Misa Crismal, Miércoles Santo

(S.I. Catedral, Capilla del Santísimo, 8-IV-2020)     "El me ha ungido y me ha enviado"

Is 61,1-3a.6a.8b-9; Sal 88                Lc 4,16-21

             Queridos hermanos en el Sacerdocio:

            Las circunstancias que estamos viviendo a causa de la pandemia ocasionada por el  “coronavirus SARS-CoV-2” nos han obligado a celebrar la Misa Crismal bajo unas condiciones del todo excepcionales. Pero, aunque seamos muy pocos los participantes, nuestros pensamientos, partiendo de la consideración de nuestro Señor Jesucristo, el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza, se dirigen hacia los fieles cristianos que nos han sido confiados, el “pueblo sacerdotal” o “sacerdocio santo” que es fortalecido y santificado mediante los sacramentos y la oración de la Iglesia (cf. LG 10; CCE 784).

            Esta celebración nos sitúa ante la misión sacerdotal de Jesucristo, llamado por el Padre, ungido por el Espíritu Santo como Siervo y Sumo Sacerdote, y enviado para nuestra salvación. Las palabras del profeta Isaías que escuchábamos en la primera lectura se cumplieron expresamente en la persona y en la obra de nuestro Redentor: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque El me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres…, para anunciar el año de gracia del Señor" (Lc 4,18ss.; cf. Is 61,1-3a). Demos fe a estas palabras que la Iglesia ha elegido para ayudarnos a comprender y celebrar los sacramentos en los que se pone de manifiesto la acción santificadora del Espíritu Santo mediante el aceite bendecido o consagrado: el bautismo, la confirmación, la unción de los enfermos, la ordenación sacerdotal y episcopal y la dedicación o consagración de los altares y de las iglesias. 

          La liturgia de la Misa crismal, verdaderamente singular en el conjunto de la Semana Santa, nos recuerda que Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, "de cuya plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia" (Jn 1,16), y que como cabeza de la Iglesia ha querido compartir su propia consagración sacerdotal para santificar a los miembros de su cuerpo que somos todos los bautizados. Y a algunos, especialmente llamados, nos ha hecho partícipes además de la gracia singular de representarle como pastores consagrándonos como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento, a imagen suya, para predicar el evangelio, apacentar a los fieles y celebrar el culto divino (cf. LG 28).

            Abrámonos todos, pues, a esa presencia santificadora de nuestro Señor Jesucristo con el Espíritu Santo. Pidamos hoy los unos por los otros. Y al bendecir los óleos oremos también por los catecúmenos que serán bautizados en la próxima Pascua y por quienes reciban los sacramentos de la Confirmación, la Unción de los Enfermos o el Orden sacerdotal. Confiando en la intercesión de la Santísima Virgen del Camino, cuya imagen preside esta capilla, recemos también por nuestros feligreses, especialmente por las personas afectadas por la enfermedad, por sus familias y por quienes cuidan a los enfermos. Y encomendemos a los fallecidos para que el Dios “compasivo y misericordioso” se apiade de todos.

            Anticipando la felicitación pascual, fraternalmente:

                                   + Julián, Obispo de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telefono Centralita: 987 21 96 80

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