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2019 DICIEMBRE - FIESTA DE SANTA MARÍA SIEMPRE VIRGEN

Celebración según el venerable Rito Hispano-Mozárabe (R. Colegiata de S. Isidoro, 17-XII-2019)

"La Virgen, cubierta por la sombra divina, concibió y dio a luz"

 Miq 4,1-3.5-8; 5,1-4 (Profecía)                Gal 3,27-4,7 (Apóstol)                Lc 1,26-38.46-55 (Evangelio)

            Ocho días antes de la Navidad el venerable Rito Hispano-Mozárabe, vinculado a la Sede Primada de Toledo pero que puede usarse oportunamente en otras diócesis, dedica una bellísima celebración a la Santísima Virgen María en el misterio de su maternidad divina. Desde hace varios años, al llegar este día, nos reunimos en esta Real Colegiata-Basílica de San Isidoro para conmemorar  el referido acontecimiento de nuestra fe. No en vano este antiguo Rito, hasta bien entrada la Edad Media, era el propio de las Iglesias locales de España, cediendo paulatinamente su celebración a medida que se extendía la Liturgia Romana, que se hizo universal y obligatoria a partir del Concilio de Trento en el siglo XVI. Fue el cardenal D. Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo, quien facilitó y obtuvo de la Santa Sede la facultad de usar la citada liturgia en otros lugares como hacemos nosotros hoy.

1.- La liturgia es un gozoso acto de fe

             Celebrar la liturgia es siempre y ante todo, un acto de fe y de adoración a Dios, dándole gracias y bendiciendo su nombre, a la vez que somos santificados por la presencia y acción del Espíritu Santo que actúa en los sacramentos y, especialísimamente, en la Santa Misa. No en vano existe una maravillosa analogía o comparación entre el misterio de la transformación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo en cada celebración eucarística y el misterio, igualmente inefable y asombroso, efectuado en las purísimas entrañas de la Virgen María. En uno y otro misterio de la fe actúa el Espíritu Santo. Esto es lo que cree y proclaman los textos de la liturgia que estamos celebrando, cuya redacción se atribuye a san Ildefonso de Toledo, el  y lo que nosotros, como buenos hijos de la Iglesia, reconocemos con fe y profesamos con gozo en esta celebración que precede a la Navidad.

       Los textos litúrgicos de la Misa, compuestos probablemente por San Ildefonso de Toledo o inspirados de manera directa en sus escritos sobre la virginidad perpetua de María, transmiten una rica espiritualidad como vivencia profunda del misterio que se celebra. Por eso no se cansan de proclamar la fe en la divinidad del Hijo de Dios hecho hombre, y de exaltar, a la vez, la virginidad perpetua de su Santísima Madre. En la iconografía del Santo se pone de manifiesto la creencia del pueblo cristiano acerca de la aparición de la Santísima Virgen revistiéndolo con una casulla como signo de gratitud y de predilección.

2.- Alcance de esta fiesta de Santa María

      En el marco del adviento, justo ocho días antes de la Navidad, esta fiesta de Santa María nos preparara muy oportunamente para celebrar el acontecimiento misterioso de la renovada presencia del Señor en su Iglesia y entre todos los hombres que creen y esperan en Él. Dios ha cumplido y cumple siempre sus promesas. Avivemos, pues, nuestra fe y contemplemos ya en la esperanza la renovada presencia del Señor en la Santa Navidad.  En la primera lectura escuchábamos al profeta Miqueas:”Y tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti sacaré el que ha de ser jefe de Israel... En pie pastoreará con el poder del Señor”.

            La profecía se cumplió en el nacimiento de Jesucristo, "nacido de mujer, nacido bajo la ley" como afirma san Pablo en la Carta a los Gálatas que hemos escuchado en la segunda lectura (cf. Ga 4,4). Interioricemos lo que hemos escuchado, meditemos en silencio y con gozo interior el anuncio del ángel en el Evangelio (cf. Lc 1,31-33). Pidamos celebrar y vivir de este modo el renovado acontecimiento de la Navidad, la venida del Señor a nosotros mismos, a nuestras familias, a nuestra Iglesia diocesana y a nuestro mundo que corre el peligro de olvidar que, en definitiva, Jesucristo es la fuente de la paz, de la esperanza y de la alegría verdadera.

+ Julián, Obispo de León

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