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2019 MAYO - DOMINGO IV DE PASCUA

(Parroquia de San Froilán, 12-V-2019) 
“Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco”

Hch 13,14.43-52; Sal 99 (100)       Ap 7,9.14b-17          Jn 10,27-30

            Con esperanza y alegría nos disponemos a participar en la institución del Ministerio del Lector conferido a Adrián y a Thierri, alumnos de nuestro Seminario Diocesano de san Froilán que han querido recibirlo precisamente en la parroquia del Santo Patrono de la diócesis y en la que nuestros candidatos colaboran en la acción pastoral. Hoy, domingo IV de Pascua, es el domingo del Buen Pastor y la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. De este modo se pone de manifiesto tanto la finalidad pastoral de la formación de los futuros ministros de la Iglesia, como la urgente necesidad de que todos los fieles cristianos se comprometan más en la tarea de suscitar, fomentar y cultivar las posibles vocaciones al ministerio ordenado -el sacramento del Orden- en nuestra diócesis.

1.- El domingo del Buen Pastor

            Pero centremos nuestra mirada en aquel que nos ha llamado, Jesucristo, el Buen Pastor cuya fidelidad a la misión que el Padre le confió al enviarlo al mundo manifiesta plenamente en qué consiste y qué comprende cualquier tarea pastoral en la Iglesia, y de manera singular la del sacerdote. No en vano, el propio Señor se presentó y manifestó como nuestro verdadero pastor con su muerte y resurrección, haciendo de nosotros “su pueblo y ovejas de su rebaño” como proclama el salmo responsorial que hemos escuchado. Él es verdaderamente quien nos conduce a los pastos de la vida eterna y ha querido establecer con sus discípulos y seguidores  una relación personal, íntima y profunda, una verdadera relación de comunión y de amor: “Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco y ellas me siguen”.

 Efectivamente, la bondad y la fidelidad de Dios se manifiestan plenamente en la vida y en la conducta de Jesús. Es este un mensaje que la liturgia de hoy manifiesta con especial énfasis. El Señor se presentó como el verdadero pastor de la humanidad, estableciendo una estrecha relación de cercanía e intimidad con sus discípulos, a los que conduce hacia la vida eterna. Por su parte, la segunda lectura contemplaba la fase final de la obra de Cristo, cuando su pueblo alcance los pastos eternos y la Iglesia sea esa gran multitud que nadie podrá contar, arropada por el amor de su Pastor, el Cordero inmolado y victorioso que enjugará toda lágrima de los ojos de los que fueron fieles (cf. Ap 7, 17).

2.- El Buen Pastor cuida y protege a su rebaño

Las palabras del autor del Apocalipsis pretendían, con esa alusión al Cordero inmolado, fortalecer a las comunidades cristianas en un momento de persecución, como tantas veces ha ocurrido en la historia de la Iglesia. Quiero recordar precisamente este aspecto de la vida de la Iglesia porque ayer he regresado de un encuentro litúrgico-pastoral en Budapest (Hungría), donde he podido también venerar el sepulcro de un gran pastor de la Iglesia que padeció persecución y cárcel a causa de su fidelidad a Cristo, el siervo de Dios cardenal József Mindszenty (1892-1975). En efecto, la Iglesia, en cualquier situación, en la paz o en la persecución, deberá  cumplir siempre la misión confiada por el Señor a los apóstoles, como hicieron Pablo y Bernabé, de los que hablaba la primera lectura, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios” (Hch 14,21).

Pero fijemos nuestra mirada especialmente en Jesús, el Buen Pastor. Para entender mejor sus palabras, se debe tener en cuenta el contexto más amplio en el que hizo esta declaración. Con la imagen del buen pastor Jesús quería responder de alguna manera a los que se preguntaban en voz alta si él realmente era el Mesías anunciado. Pero sus interlocutores  tenían una falsa idea de la misión de este, considerado principalmente como una figura más bien política, un personaje con poder y que les liberaría del dominio romano, en aquel tiempo. Por eso el Señor, al elegir la imagen del pastor, revelaba también que de qué otra manera, quizás inesperada, podría ser el Mesías. Por eso no avanzó ninguna pretensión de dominio sobre los demás, haciendo una propuesta de amor y de servicio hasta el extremo de dar la vida.

3.- El Buen Pastor necesita pastores como Él

Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, que vino a todos, que amaba con un corazón humano y que quiso dar su vida para que todos la tuviéramos abundante (cf. Jn 10,10b), cuando decía: "Yo les doy vida eterna" (10,28) no hablaba de algo ajeno o lejano. La "vida eterna" en el vocabulario del evangelista san Juan significa sencillamente la "vida divina" y la participación en la misma existencia del Buen Pastor. Podemos recordar aquí una atrevida expresión de San Agustín que, para expresar el misterio de comunión que se establece entre Dios y el hombre redimido, dice con una bella expresión que Dios es "más íntimo a mí que yo mismo" (Confesiones, cap. VI).  

Jesús asegura "conocer” a sus ovejas: Jesús entra así en la profundidad personal de cada uno. De hecho, el verbo "conocer" significa en el mundo bíblico una actitud existencial, es la atención a la persona, incluso antes de escuchar sus palabras. Un hombre que no escucha, que no está dispuesto a abrirse y recibir nada de otro, no será capaz de comunicarse ni de ofrecer nada a los demás. Hoy, domingo del Buen Pastor y Jornada de Oración por la Vocaciones, se nos invita a valorar también a los pastores de la Iglesia y a rogar por las vocaciones a este ministerio, a este servicio. El Señor llama y sigue llamando porque necesita hombres y mujeres que se dediquen especialmente a la proclamación del Evangelio, a reunir a la comunidad alrededor de la mesa de la Palabra y de la Eucaristía y a dar generosamente perdón y ternura de Dios. Oremos especialmente por esta intención.

+Julián, Obispo de León

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Telefono Centralita: 987 21 96 80

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