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2019 MAYO - "MARÍA, «LA CHICA DE ALMA GRANDE»"

Queridos diocesanos:

        Confieso que si no hubiese visto escrita en la Exhortación Apostólica “Cristo vive” del Papa Francisco, la expresión con la que titulo esta carta, ni por asomo se me habría ocurrido llamar así a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. El párrafo es atrevido pero reconozco que no está exento de ternura. Por eso lo he recogido: “María era la chica de alma grande que se estremecía de alegría (cf. Lc 1,47), era la jovencita con los ojos iluminados por el Espíritu Santo que contemplaba la vida con fe y guardaba todo en su corazón de muchacha (cf. Lc 2,19.51)” (n. 46). El párrafo se encuentra en pleno capítulo II del documento citado que, significativamente, se titula: “Jesucristo siempre joven” y que reivindica una Iglesia que se deja renovar sin dejar de ser ella misma, recibiendo “la fuerza siempre nueva de la palabra de Dios, de la Eucaristía, de la presencia de Cristo y de la fuerza de su Espíritu cada día. Es joven cuando es capaz de volver una y otra vez a su fuente” (n. 35).

        Estamos en el Tiempo Pascual en el que la Iglesia revive y confiesa con júbilo la presencia de su Señor y Esposo resucitado que le hace permanentemente entrega de las “arras del Espíritu Santo” como prenda segura de la felicitad total, ofrecida ya en este mundo como anticipo pero que será posesión plena más allá del horizonte que se dibuja imperfecto todavía. Después de la Cuaresma, austera y mortificada, imagen de esta vida que Santa Teresa de Jesús calificó de “una mala noche en una mala posada”, ha llegado la Pascua, anuncio y prenda de todo lo bueno, hermoso y feliz que podemos vislumbrar y apetecer ahora.

        Quienes ya no somos tan jóvenes físicamente pero perseguimos los valores que pueden mantenernos ágiles y animosos de espíritu, vacilamos a veces a la hora de darnos a los demás o de emprender tareas y tomar decisiones, simplemente porque no queremos arriesgarnos o porque tenemos la tendencia a dar los pasos justos y bien calculados. Es posible que el actuar de este modo tenga que ver más con la comodidad que con la prudencia porque puede ser una tentación más o menos solapada y apoyada en los motivos que acabo de apuntar.

            Pero miremos a María, imagen perfecta de la Iglesia que quiere ser fiel a quien la amó hasta el extremo (cf. Jn 13,1; 1 Jn 3,16). Porque este fue el propósito consciente y la actitud de quien demostró como nadie lo que significa ser joven. Lo asegura el Papa Francisco en otra frase igualmente bella aunque referida a Cristo: “El Señor «entregó su espíritu» (Mt 27,50) en una cruz cuando tenía poco más de 30 años de edad (cf. Lc 3,23). Es importante tomar conciencia de que Jesús fue un joven. Dio su vida en una etapa que hoy se define como la de un adulto joven. En la plenitud de su juventud comenzó su misión pública y así «brilló una gran luz» (Mt 4,16), sobre todo cuando dio su vida hasta el fin”.

          Jesucristo “joven” y María, no menos “joven” y “entre todas la más bella… eterna doncella”, como dice una canción del fundador del Camino Neocatecumenal, alegran la vida de los discípulos de Jesús que la invocan: María, pequeña María, tú eres la brisa suave de Elías, el susurro del Espíritu de Dios. Tú eres la zarza ardiente de Moisés que llevas al Señor y no te consumes. Tú eres «el lugar junto a mí» que mostró el Señor a Moisés; tú eres la hendidura de la roca que Dios cubre con su mano mientras pasa su Gloria”. ¡Feliz cincuentena pascual y provechoso mes de María!

+Julián, obispo de León

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