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2019 Abril - "Estas son las fiestas de Pascua"

Queridos diocesanos:

                Estamos ya a las puertas de  la celebración de los “días santos de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor”. El itinerario cuaresmal, iniciado el miércoles de ceniza, toca a su fin. Llega el momento de evocar y celebrar las etapas  conclusivas de la vida terrena de nuestro Redentor, procurando hacer nuestros sus sentimientos como aconsejaba san Pablo (cf. 1 Fil 2,5). La liturgia de la Iglesia y la espiritualidad cristiana nos guían a través de las etapas de dolor y de soledad, de esperanza y de gloria, en las que se revive el misterio de amor y perdón que tiene como meta el triunfo de la misericordia y de la gracia sobre el egoísmo y el pecado. Pero de nosotros depende el dejarnos introducir en ese acontecimiento que se hace actual bajo toda una constelación de signos y de ritos iluminados y nutridos por la palabra de Dios y la oración de la Iglesia.

            La Semana Santa entrelaza el final de la Cuaresma, sobria y austera, con el comienzo del Tiempo Pascual, la cincuentena gozosa en la que la Iglesia vive el retorno de su Señor y Esposo resucitado que le regala una vez más las “arras de la promesa”, es decir, el Espíritu Santo prometido antes de padecer (cf. Jn 14,16-17; 15,7; etc.). En vísperas, pues, del recuerdo de los acontecimientos centrales de nuestra fe y de nuestra vida cristiana, a saber, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, hemos de ser conscientes de la necesidad de prepararnos para ese encuentro personal con Él en el ámbito de nuestras parroquias y comunidades eclesiales de referencia. Como discípulos suyos y hermanos entre nosotros, escuchando y meditando las Escrituras y participando conscientemente en la liturgia de esos días, viviremos una vez más la experiencia gozosa de la renovación pascual. Las celebraciones de la Semana Santa nos ofrecen la oportunidad de meditar juntos, en todo su alcance y significado, el Misterio Pascual de Jesucristo a fin de obtener luz y fortaleza para nuestra vida espiritual. No debemos olvidar que esos días constituyen la cumbre del Año cristiano.

            La participación en las procesiones de la Semana Mayor del año cristiano, aunque sea como espectadores, tiene también su sentido y eficacia en la medida en que no se reduzca a una mera contemplación curiosa o estética de los cortejos de penitentes y de los pasos que reproducen momentos concretos de la Pasión de Cristo y de la presencia de María, su Madre Santísima. Los “pasos” son realmente una verdadera catequesis evocadora de los momentos del “Drama de Jesús”, pero es preciso fijarse en lo que representan. Por supuesto, más allá de la recreación de las escenas y de los personajes que aparecen en ellas, está el hecho al que se refieren, siguiendo y mostrando de manera plástica y con una fuerte carga emotiva los acontecimientos que se sucedieron y cuyo relato se nos ofrece en los cuatro evangelios. 

            En este sentido es importante contemplar las procesiones con espíritu de fe sin ceder a la tentación de jalear a los portadores o de “bailar” los pasos por parte de estos. Una y otra cosa desnaturalizan el significado espiritual y catequético de los desfiles procesionales y privan de recibir esa especie de impacto conmovedor y, sin duda, benéfico desde el punto de vista espiritual que se produce al mirar con fe el rostro de Cristo o de la Virgen Dolorosa. Con el mejor de los deseos de una santa y dichosa Pascua de Resurrección para todos los diocesanos y para quienes nos visiten estos días:

+Julián, Obispo de León

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