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2019 FEBRERO - "DOMINGOS DE TIEMPO ORDINARIO Y CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS"

Queridos diocesanos:

            Los domingos que siguen al del Bautismo del Señor se denominan, como sabéis, del “Tiempo Ordinario” o “durante el Año”. Entre sí no forman una unidad como sucede, por ejemplo, con los de Adviento, Cuaresma o Pascua. Pero tienen importancia. Su principal característica consiste en no estar supeditados a una temática espiritual unitaria como sucede con los tiempos que acabo de mencionar. Forman parte de una secuencia cuya característica consiste en proponer el seguimiento de Jesucristo mediante el recuerdo progresivo de su paso por este mundo desde el comienzo de lo que se conoce como su “vida pública” hasta el final con su muerte y resurrección. Cada domingo nos ofrece una enseñanza o un episodio significativo de la vida del Señor.

            En estos domingos se suceden a veces campañas eclesiales de carácter formativo o de cooperación económica, aunque no estén relacionadas con el “mensaje” dominical pero que tienen el valor de estimular nuestra conciencia cristiana. Tal es la “Campaña de Manos Unidas” que, por cierto, el domingo 10 de febrero, día en que tiene lugar la jornada, celebra el 60º aniversario con el sugestivo lema de “Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas” poniendo el acento en las mujeres del siglo XXI que todavía no son independientes, ni están seguras, ni tienen voz. ¡Una de cada tres!

             La jornada tiene ya notorio arraigo en las parroquias y comunidades cristianas. Está precedida del Día del Ayuno Voluntario, el viernes anterior, o sea, el día 8. No es una colecta más, sino una iniciativa que quiere despertar nuestra conciencia ante la situación de pobreza y hambre -hambre, sí- en nuestro mundo y en nuestro tiempo, hecho lamentable que constituye una vergüenza y un escándalo pues afecta a 1.300 millones de personas, según la ONU. Y las principales víctimas siguen siendo los niños y niñas malnutridos o sin escolarizar, los jóvenes desempleados, los indígenas y los campesinos despojados y hasta expulsados de sus lugares de vida, los trabajadores mal retribuidos, los ancianos excluidos de la sociedad, las mujeres maltratadas o explotadas, etc.

            El año pasado decía el Papa Francisco en un mensaje a la FAO, organismo mundial que se ocupa de la agricultura y de la alimentación: “No podemos estar tranquilos por haber hecho frente a las emergencias y a las situaciones desesperadas de los menesterosos. Todos estamos llamados a ir más allá”. Pero, ¿de qué manera? ¿Qué podemos hacer vosotros y yo ante un problema de magnitud prácticamente mundial, aunque afecte más a unos países que a otros? “Manos Unidas” nos hace bien a todos, por ejemplo despertando nuestra conciencia y facilitando eficazmente el deber humano y, por supuesto, cristiano de compartir. ¿Os acordáis del “porque tuve hambre y no me disteis de comer? (Mt 25,42). Son las palabras del Señor relativas al juicio final.

            Estoy seguro de que responderéis con generosidad a esta nueva llamada de “Manos Unidas” que resuena ininterrumpidamente desde la hermosa distancia de 60 años. Yo recuerdo todavía, siendo seminarista menor, la primera convocatoria de lo que entonces y durante mucho tiempo todavía se llamó: “Campaña contra el hambre”. Era la década de los 50 del siglo pasado, años de mucha pobreza todavía. Por eso quiero manifestar el agradecimiento de nuestra Iglesia diocesana hacia todas las personas -la campaña nació entre las Mujeres de Acción Católica- que, desde entonces, se han sucedido llamando a nuestros corazones.

             Con mi cordial saludo y bendición:

+Julián, Obispo de León

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