Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. 

2019 ENERO - "COMIENZA EL TIEMPO ORDINARIO"

Queridos diocesanos:

            El día 14 de enero de este año, lunes de esta I Semana del Tiempo ordinario, daba principio una nueva etapa del año litúrgico que, a falta de una definición clara que lo acredite con un título significativo ante la comunidad cristiana, se menciona simplemente como acabo de indicar, aunque el calificativo “ordinario” no le hace ningún beneficio. El título latino: “Tempus per annum” y su traducción: “Tiempo durante el año” (“litúrgico”, se entiende) no solo suenan mejor sino que son más precisos y correctos.

            Si os escribo sobre este tiempo es porque deseo llamar la atención sobre lo que contiene y ofrece dentro de la celebración del misterio de Cristo en el curso del año. Su situación entre el Adviento-Navidad y la Cuaresma-Pascua le da un cierto carácter de pariente pobre entre los tiempos litúrgicos. No debe ser así, porque realmente es "el tiempo en que Cristo se hace presente y guía a su Iglesia por los caminos del mundo", tal y como algún autor ha señalado fijándose en algo muy hermoso e importante. En el “Tiempo durante el año” la Iglesia nos invita a “seguir” a Jesucristo en esa etapa suya que se conoce como la “vida pública”, la que transcurre desde Nazaret hasta Jerusalén siguiendo los relatos evangélicos, especialmente de los evangelistas sinópticos. Estamos ante una perspectiva más dinámica y abierta que la de los restantes tiempos. Es la perspectiva propia del “seguimiento de Cristo” en la vida cristiana entendida como respuesta a su “venid conmigo” no precisamente al desierto o a la contemplación, aspectos acentuados en los otros momentos del año litúrgico, sino a la acción, al apostolado, a la misión. Y esta es una llamada válida también para todos los fieles cristianos sin excepción.

            En este sentido debemos darnos cuenta de que este “ciclo” merece ser considerado también como un verdadero “tiempo fuerte”, tanto como pueden serlo los que se llevan este calificativo. La importancia del “Tiempo durante el año” no reside tampoco en su larga duración: treinta y cuatro semanas comenzando el lunes que sigue al domingo del Bautismo del Señor hasta el miércoles de Ceniza, reanudándose el lunes después del domingo de Pentecostés y finalizando el sábado anterior al domingo I de Adviento.

          El verdadero punto de apoyo de este tiempo litúrgico y, por consiguiente, su significado y valor reside en la doble secuencia del Leccionario dominical y ferial que comprende respectivamente. La serie dominical en los tres ciclos (A, B y C) y la serie ferial para las semanas del mencionado “Tiempo”, descansan fundamentalmente en una selección de lecturas y de salmos responsoriales y otros textos anejos, para cada uno de estos tres ciclos. Como sabéis, cada ciclo del leccionario dominical está presidido por un evangelista sinóptico: Mateo en el ciclo A, Marcos en el B y Lucas en el C. El evangelio se va leyendo, como sabéis, de manera sucesiva, mientras que la lectura del Antiguo Testamento se armoniza con el Evangelio. La segunda tiene una secuencia propia. El Leccionario ferial es más complejo y aparte están el Leccionario de los Santos y los otros leccionarios.

          En resumen, más allá de estas referencias de carácter litúrgico y organizativo, la verdadera importancia del “Tiempo durante el año” radica en que nos ayuda a seguir a nuestro Señor y Maestro de manera natural y existencial, como sucedía con sus discípulos, escuchándole y viendo cómo vivía y qué hacía y, especialmente, disfrutando de su presencia y amistad.  

+Julián, Obispo de León

Diócesis de León - Plaza de Regla, 7 - 24003 León (España)
Telf: 987 21 96 80 - Fax Secret.: 987 26 06 65