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2018 Diciembre - "Navidad: Dios se da a conocer"

Queridos diocesanos:

                 Llega la Navidad: “¡Se ha manifestado la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres!”  (Ti 2,11). He aquí la noticia que no deja de sorprendernos aunque la escuchamos todos los años mezclada con miles de mensajes publicitarios de toda índole. Pero es una noticia que no puede pasar desapercibida para quienes la esperamos confiando en la verdad de lo que anuncia. Se cumple así lo que afirma san Juan al comienzo de su evangelio: A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito [el Hijo], que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer” (Jn 1,18). Por eso conviene en estas fechas que nos pongamos a la escucha de la palabra divina, para meditar con fe las enseñanzas que hemos recibido y que los Evangelios nos ofrecen para poder celebrar como corresponde el nacimiento de Cristo, hasta que un día nos encontremos con Él cara a cara.

                ¿Cómo será ese encuentro? ¿Nos reconocerá el Señor como discípulos fieles? ¿Podemos tener en esta vida alguna certeza de que será así? Creo que sí, en la medida en que cooperemos con su gracia.  Debemos, pues, confiar que Él cumplirá su palabra cuando lleguemos al final de nuestra existencia terrena, y esforzarnos ahora en poner en práctica su principal encargo:  Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros” (Jn 13,34). Seamos conscientes de la gravedad de la recomendación relativa a nuestro comportamiento con las personas necesitadas de amor, ayuda, consuelo o esperanza: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25,35-36). La Navidad facilita el que seamos más generosos de lo habitual. No desaprovechemos esta ocasión para hacer el bien.

            No en vano en el tiempo navideño Dios se da a conocer en la ternura e inocencia de un recién nacido, aunque entre tantas luces de neón y los reclamos publicitarios corremos el riesgo de perdernos en la frivolidad olvidando lo más importante: la cercanía de quien, para salvarnos, se hizo hombre naciendo de una Virgen en medio de los apuros de su familia obligada a desplazarse, primero de Nazaret a Belén -entonces no había carreteras ni medios rápidos de transporte- a causa del empadronamiento ordenado por el emperador romano Augusto (cf. Lc 2,1ss.); y después, fuera de las fronteras de su país, huyendo de la amenaza del rey Herodes (cf. Mt 2,13ss.). Jesús, recién nacido, conoció el sufrimiento y la angustia de los que apenas tienen lo puesto, de los desplazados, de los prófugos y de los que ponen en peligro sus vidas, por ejemplo, en las pateras, en busca de un futuro mejor.

            Este año, como un precioso regalo navideño, celebramos la beatificación o reconocimiento de la santidad en grado heroico, de dos religiosas agustinas misioneras: la hermana Esther Paniagua, natural de Izagre (León) y por tanto hija de nuestra Iglesia diocesana, mártir de la fidelidad a su vocación de entrega a los niños enfermos y minusválidos; y la hermana Caridad Alvarez, burgalesa, con idéntica vocación y testimonio martirial. Que ambas nos ayuden a celebrar la Navidad como corresponde al verdadero significado de dicha fiesta, es decir, reconociendo a Jesús en las personas que nos rodean, especialmente si nos necesitan. La esencia de la Navidad consiste en que el Dios omnipotente se hizo “Dios con nosotros”  en Jesucristo (cf. Mt 1,23). A todos, pues, ¡Feliz y santa Navidad!

+Julián, Obispo de León

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