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2018 Enero - "La Vida Consagrada en la Iglesia local"

Queridos diocesanos:

      El día 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, tiene el carácter de Jornada mundial y pontificia de la Vida Consagrada. En este curso pastoral de nuestra Diócesis, centrado en el Año pastoral diocesano vocacional, quiero en primer lugar manifestar mi aprecio y gratitud a las comunidades religiosas y sociedades de Vida Apostólica radicadas en León y expresar a cada uno de sus miembros el afecto y la estima que merece su testimonio de consagración y de entrega generosa a Jesucristo, a la Iglesia, a los niños, a los pobres, a los enfermos, a los necesitados, etc.

Actualmente en nuestra Diócesis hay 14 comunidades de religiosos pertenecientes a 10 Institutos que se dedican a la pastoral parroquial, al apostolado, la educación, la sanidad, la espiritualidad, etc.; 10 comunidades de monjas contemplativas pertenecientes a 7 órdenes religiosas: agustinas, benedictinas, carmelitas descalzas, cistercienses, clarisas, concepcionistas y jerónimas; 20 congregaciones religiosas femeninas con un total de 40 casas con dedicación a la enseñanza, los enfermos, los ancianos, las parroquias, la pastoral social, etc.; 7 Institutos seculares que alternan consagración, apostolado y trabajo; y 10 sociedades de Vida Apostólica: una de hombres y nueve de mujeres. No dispongo del número de miembros de las comunidades mencionadas, pero sí de dos referencias muy reveladoras: su testimonio de consagración a Dios, su compromiso pastoral y su servicio a la Iglesia y a la sociedad; y también de su principal problema: la falta de vocaciones que continúen su generosa entrega y apostolado.

La Jornada del 2 de febrero, en línea con el significado del ofrecimiento personal del Niño Jesús en brazos de María y de José en el templo de Jerusalén, acontecimiento que está en el centro de la fiesta de la Presentación del Señor, tiene este año el siguiente lema: “La Vida Consagrada, encuentro con el Amor de Dios” y se presenta como una “nueva ocasión de entrar en lo íntimo de uno mismo, para ver qué es lo esencial, lo más importante para nosotros, y qué nos está distrayendo del amor y por tanto nos impide ser felices. El amor de Dios es fiel siempre, no desilusiona, no defrauda”, como afirma la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada en su mensaje para la Jornada. 

“Encuentro con el Amor de Dios”. En las Iglesias Orientales esta fiesta, celebrada ya en el siglo IV con el mayor gozo, se denomina precisamente “Hypapante”  (en griego, “encuentro”), nombre muy expresivo que destaca el aspecto fundamental de la fiesta: el encuentro del Mesías, el “Ungido de Dios” con el pueblo al que venía a salvar, representado por los ancianos Simeón y Ana. De ahí que el lema escogido para la celebración de este año nos recuerde la invitación del papa Francisco a crear una «cultura del encuentro» a partir de la necesidad de que cada fiel cristiano renueve “su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, tome la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso”.

En efecto, nadie está excluido de la alegría y de otros bienes que ofrece el encuentro personal con Jesucristo. Expresamente el lema citado menciona el amor de Dios como experiencia profunda de lo que significa ser acogidos, perdonados, favorecidos o invitados a estar más cerca de Él  y, por tanto, a disfrutar de su presencia, consuelo, gracia, etc. Esta rica realidad que se vive, ciertamente, en la consagración religiosa, no es privativa de los consagrados/as. Es un ofrecimiento abierto a todos, como la ternura del Niño Jesús en brazos de María.

+ Julián, Obispo de León

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