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2018 Enero - "AÑO NUEVO, VIDA RENOVADA ÉTICA Y MORALMENTE"

Queridos diocesanos:

            Pasadas las fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes, que deseo os hayan dejado algo más que buenos propósitos para 2018, debemos superar la cuestecita de enero. En mi carta anterior os invitaba a confiar en la ayuda del Señor y en la protección de Santa María para la nueva andadura. ¿Qué nos deparará el nuevo año? De momento nos encontramos con los problemas de 2017 aún sin resolver, si es que no se agravan más: a nivel mundial la crisis abierta en Jerusalén por la alteración del consenso internacional existente, la escalada nuclear de Corea del Norte, la guerra que no cesa en Siria, la crisis de Venezuela y el reactivado conflicto con Irán a causa del armamento nuclear…; y en España el desafío que supone el proceso catalán. Estos problemas son de ámbito general y político, pero no debemos olvidar otros problemas de carácter ético y moral y algunos con consecuencias muy graves como la corrupción privada y pública, la violencia contra la mujer, los abusos y el maltrato contra los menores, etc., o los problemas de carácter económico y laboral, por ejemplo, la pobreza, la falta de empleo para los jóvenes…

            Todo un rosario de realidades negativas, como para quitar la paz a cualquiera que piense y reflexione, y hacer aún más pendiente no ya la cuesta de enero sino la vida normal de la mayoría de las personas. Pero no nos desanimemos. Tampoco es correcta la actitud del que ve solamente la paja en el ojo ajeno, como ya nos advirtió el Señor (cf. Lc 6,41-42). Todos, sin excepción, debemos tener en cuenta este aviso para evitar en nosotros lo que es fácil censurar en los demás o en la vida pública. Los cristianos y, en general, toda persona que quiera conducirse honestamente ha de actuar de manera acorde con los principios morales representados por los mandamientos de la Ley de Dios que constituyen la base de la conciencia moral y, por tanto, de toda existencia honrada y honesta. Incluso las personas no creyentes tienen en su conciencia, rectamente formada, el indicador de lo que es bueno o malo. Las leyes no bastan hoy para garantizar eficazmente, por ejemplo, el respeto a la vida, al honor y a los bienes de los demás o a los de dominio público.

            A Jesús le preguntó un joven: “Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?” Jesús le respondió invocando primeramente la necesidad de reconocer a Dios como “el único Bueno”, “el bien”  por excelencia, fuente y origen  de los demás bienes. Y después le dijo: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos: ‘No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre’”. Y como resumen le dijo de manera positiva: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 19, 16-19). Gran parte de lo que lamentamos cada día tiene su origen en el olvido de las normas morales o, mejor dicho, del gran principio enunciado al final.   

            El año 2018 puede ser un año mejor y distinto de los anteriores si cada uno nos proponemos poner en práctica los principios morales de la vida cristiana enunciados en el Evangelio. En el fondo son los mismos mandamientos divinos que, tal y como aprendimos en el Catecismo, se resumen en “amar a Dios sobre todas las cosas” -las realidades donde habitualmente ponemos el corazón- “y en amar al prójimo como a uno mismo”. Por cierto, no os olvidéis de tres importantes convocatorias a mediados de enero: el 14 la Jornada Mundial de las Migraciones; del 18 al 25 el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos; y el 28 la Jornada y colecta de la Infancia Misionera. Gracias.

+Julián, Obispo de León

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