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2017 Diciembre - "EL SEÑOR ESTÁ CERCA: SALID A SU ENCUENTRO"

Queridos diocesanos:

            A medida que se acerca la Navidad empiezan a resonar en la liturgia de la Misa y del Oficio Divino expresiones como la que encabeza esta breve carta pastoral y que anuncian el acontecimiento de la venida del Señor. Así estimulaban los profetas la esperanza de los hijos de Israel e invitaban a adorar al Dios que no abandona jamás a quienes lo buscan con sincero corazón y se esfuerzan en poner en práctica los mandamientos divinos.

            De la misma manera la proximidad de la celebración del nacimiento de Cristo debe alimentar nuestra propia espera porque el Señor es fiel a sus promesas y viene a nosotros realmente en el misterio de la Navidad. Por eso debemos acoger con alegría y esperanza la buena noticia de la renovada venida del Señor a nuestras vidas: “Hoy sabréis que el Señor viene, y mañana veréis su gloria” dice una antífona del día 24 de diciembre. Debemos prepararnos, por tanto, para contemplar la gloria del Hijo de Dios proclamada por el canto de los ángeles que resonará de nuevo en nuestras iglesias y familias invitándonos a adorar al Rey del Universo. Lo veremos con los ojos de la fe recostado en un pesebre y, junto a Él, a María y a José mientras los ángeles cantan gozosamente: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz”. Es el prodigio de la liturgia que hace “actual” el acontecimiento, no en su realidad histórica que pertenece al pasado sino en su eficacia santificadora para los creyentes.

            Pero aún estamos en Adviento, es decir, en el tiempo que nos prepara para acoger en nuestras vidas esa presencia de nuestro Salvador hecho Niño en Belén. Esto quiere decir que debemos disponer nuestro espíritu y nuestro ánimo para recibir debidamente a quien viene a visitarnos. Y viene para encontrarse con nosotros, estar en medio de nosotros y permanecer en nosotros. Debemos tomar conciencia de esta realidad misteriosa y de sus motivaciones: viene el Señor que quiso hacerse nuestro hermano y desea encontrarse con cada uno en su palabra y en sus sacramentos para sanar nuestras debilidades, perdonar nuestros pecados y fortalecer nuestra vida cristiana liberándonos de todo lo que impide nuestra verdadera felicidad.

            El Adviento desemboca en la Navidad, pero las actitudes que debimos cultivar en el primer tiempo, permanecen y se perfeccionan en el segundo. No podemos quedarnos dormidos. La cercanía de la Navidad nos apremia para que vivamos coherentemente lo que hemos de celebrar. Dios viene a salvarnos. Ya está llegando en Jesús. No es un Dios lejano, instalado en el cielo, desinteresado y alejado de nosotros. En Jesús se hizo cercano, palpable y visible para las gentes de su tierra. Ahora llega en la palabra del Evangelio, en el amor de los hermanos, en el ministerio del sacerdote, en los sacramentos de la Iglesia y, muy especialmente, en la comunión eucarística y, no lo olvidemos tampoco, en los pobres y en los necesitados de amor, comprensión y esperanza.  

            Bien merece que nos preparemos para reconocerlo y recibirlo bajo todos esos modos y signos de su presencia cercana y saludable. El gran modelo para recibir a Cristo y mostrarlo a los demás ha sido siempre María, su Madre. Como Ella lo llevó en su seno virginal,  cada uno de nosotros y la Iglesia entera debemos acogerlo con fe y amor siempre renovados y ofrecerlo a los que aún no lo conocen.

¡Feliz y santa Navidad!

+Julián, Obispo de León

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