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2017 Diciembre - "Adviento Vocacional"

Queridos diocesanos:

            Comienza el tiempo de Adviento. No os sorprenda que le dé el calificativo que aparece en el título de esta carta, porque la referencia al “Año pastoral diocesano vocacional”, objetivo del presente curso, no está al margen del recuerdo y de la celebración del misterio de Cristo que nos propone y facilita la liturgia de la Iglesia. ¿No es el Adviento el “tiempo de la esperanza”? Esto lo saben muy bien todos los cristianos que participan, al menos cada domingo, en el itinerario espiritual que nos permite progresar  en la vida cristiana.

El Adviento posee una muy eficaz pedagogía catequética y existencial, en línea con una dimensión que los que conocen bien su significado denominan “mistérica”, porque introduce en el “misterio de Jesucristo” de una manera vital y existencial a los que procuran celebrar el año litúrgico conscientemente y en profundidad. Es, además, un tiempo muy pedagógico porque nos sitúa en la expectativa de la celebración de la Navidad con todas sus connotaciones festivas y alegres. Lo más provechoso del Adviento lo percibimos en la medida en que nos dejamos conducir por su misma dinámica reforzando las dimensiones que es preciso tener presentes en este tiempo litúrgico.

            Esto es así en toda vocación cristiana, tanto en la vocación general a vivir como hijos de Dios, redimidos y amados por Él, como en las vocaciones específicas que han nacido y se desarrollan en la vida de la Iglesia: la vocación sacerdotal, la vocación a la vida consagrada y la vocación al laicado y al apostolado seglar. No hay que olvidar que en Adviento se nos proponen algunas figuras de extraordinario valor para  nuestra vida cristiana: el profeta Isaías, Juan El Bautista y, muy especialmente, la Virgen María. Tres modelos que llenan de contenido este tiempo previo a la Navidad y que constituyen una referencia espiritual intensa para la acogida del Señor en sus sucesivas venidas: la que fue anunciada por los profetas en el Antiguo Testamento (Isaías es el más significativo); la que precedió al nacimiento de Cristo y a su entrada en la vida pública (el Bautista); y la que se produjo en el acontecimiento o misterio de la encarnación (María).

Cada una de estas “figuras” representa una vocación singular, aunque en las tres se advierten coincidencias muy importantes. Primeramente la llamada de Dios para una misión singular: la del profeta que predice el acontecimiento, la del mensajero que va delante y la más hermosa de todas, la de la Madre que lo da a luz. Y después la gracia divina especial que acompaña a cada vocación, pero actuando en las tres el mismo Espíritu Santo que ilumina al profeta, fortalece al testigo y realiza el misterio.

Y el Espíritu Santo sigue actuando hoy de la misma manera: llamando, eligiendo y acompañando. Y todo esto en el marco del año litúrgico o, lo que es lo mismo, continuando la historia de la salvación. Por eso vivir el Adviento consiste en estar atentos a la posible llamada del Señor como el profeta, en estar disponibles para pasar a la acción como el Bautista y en decir “sí” como María. No lo olvidemos: el año litúrgico es estructuralmente un “itinerario vocacional”: es la celebración de la historia de la llamada de Dios y de la respuesta de la Iglesia.  Vivámoslo todos así y procuremos dar testimonio de esta rica experiencia. Feliz y provechoso Adviento vocacional para todos:

+ Julián, Obispo de León

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