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2017 Noviembre - "Vocaciones: una pastoral de urgencia"

 Queridos diocesanos:

            El mes de noviembre nos trae la celebración gozosa de los Santos, “los mejores miembros de la Iglesia”, y el recuerdo nostálgico de los  Difuntos, para los que pedimos que “merezcan alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza”, como decimos en las respectivas oraciones del Misal.

Pero, encontrándonos en el Año pastoral diocesano vocacional, permitidme volver sobre el tema de las vocaciones e invitaros a reflexionar a partir de esta pregunta: ¿Qué ha ocurrido en nuestra Diócesis, en otro tiempo muy rica en vocaciones, para que ahora nos encontremos ante una verdadera sequía vocacional? Porque no creo que sea un motivo de consuelo el comprobar que esta situación se manifiesta también en casi todas las diócesis con características socio-religiosas semejantes a la nuestra: descenso y envejecimiento de la población, secularización de las costumbres, debilitamiento de la vida cristiana, etc. ¿Será que nos falta valor para proponer el sacerdocio e incluso el diaconado permanente como un modo elevado de realización personal y de servicio al bien común en clave evangélica y cristiana? Con esta pregunta no me estoy dirigiendo solamente a los sacerdotes, especialmente a los mayores que han perseverado en su vocación superando a veces dificultades de toda clase. La formulo para todos los fieles diocesanos de cualquier edad, tanto seglares como personas consagradas, y la dirijo a los padres y madres de familia, a los profesores y educadores, y a los mismos jóvenes.

 El Papa san Juan Pablo II escribió en su luminosa exhortación “Pastores dabo vobis” (Os daré pastores): La Iglesia, que por propia naturaleza es «vocación», es generadora y educadora de vocaciones. Lo es en su ser de «sacramento», en cuanto «signo» e «instrumento» en el que resuena y se cumple la vocación de todo cristiano; y lo es en su actuar, o sea, en el desarrollo de su ministerio de anuncio de la Palabra, de celebración de los Sacramentos y de servicio y testimonio de la caridad” (n. 35). ¿Qué quería decir el Papa? Durante mucho tiempo se ha pensado que suscitar vocaciones era tarea tan solo del clero, de manera que la mayoría de los fieles cristianos apenas se ha interesado por este hecho incluso cuando se empezó a advertir el dato, señalado antes, de la disminución de los sacerdotes. Es cierto también que en épocas pasadas el sacerdocio fue contemplado como una oportunidad para acceder a un mejor nivel de vida y a un cierto status social, cuando no existían las oportunidades de hoy para estudiar y las familias tenían más hijos.

Este fenómeno, aunque en el pasado tuvo su peso en el número creciente de alumnos de los seminarios, sin embargo no afectó, en la inmensa mayoría de los casos, a la calidad y generosidad de las vocaciones que lograron la meta del sacerdocio. En este sentido, volviendo a la cita de san Juan Pablo II, la Iglesia -entiéndase la fe y el amor de sus miembros que se genera y alimenta en la parroquia o comunidad eclesial y en las familias- suscita y promueve siempre vocaciones, tanto a la vida cristiana, que será siempre la base de toda vocación, como al ministerio sacerdotal o diaconal.

La consecuencia me parece evidente: para contar con vocaciones al ministerio sacerdotal y diaconal es urgente y necesario fomentar la vida cristiana en nuestras comunidades y de manera especial y prioritaria en las familias. Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián, Obispo de León

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