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2016 - SOLEMNIDAD DE SAN FROILAN, PATRONO DE LA DIOCESIS

(Santuario de la Virgen del Camino, 5-X-2016)

"Id y haced discípulos… enseñándoles”

Ez 34,11-16; Sal 22;             Ef 4,1-7.11-13;            Mt 28,16-20.   

            Recibid mi saludo cordial, cuantos os habéis reunido para participar en esta celebración junto a la Basílica de Nuestra Señora la Virgen del Camino, Patrona de la Región Leonesa. Hoy es un día grande para los pueblos vinculados a este bendito lugar y aún en toda la diócesis, que tiene a San Froilán como celestial Patrono. Hoy lo recordamos y honramos, y damos gracias a Dios por la protección que nos dispensa y por la intercesión tanto de nuestra Reina y Madre como de nuestro santo, especialmente en este Año Jubilar de la Misericordia. Año proclamado por el papa Francisco y que tiene aquí, en la basílica de la Virgen, uno de los centros para obtener la gracia del perdón y de la reconciliación con Dios y con los hombres. Por eso, los que participáis devotamente en esta Misa y recibís los sacramentos de la Penitencia y de la Comunión, podéis beneficiaros de esta gracia.

            De nuevo, para cumplir con la tradición de nuestro pueblo, la ciudad de León, los pueblos del Voto y los fieles de otros lugares, nos encontramos junto al santuario de Nuestra Señora la Virgen del Camino para honrar a San Froilán, el ermitaño de los montes del Cebrero y, posteriormente, el monje de Santa María de Moreruela junto con San Atilano, Patrono de Zamora. Los dos fueron solicitados por el Rey Alfonso III para restaurar, con el primero, la sede Legionense y fundar, con el segundo, la Zamorense, siendo ambos monjes consagrados obispos en la que suponemos catedral pre-románica de León en la fiesta de Pentecostés del año 900. Aunque el episcopado de san Froilán fue muy corto, pues apenas duró cinco años,  la fama de su santidad ha rebasado con creces su breve pero fecundo ministerio. Nuestro pueblo lo venera como Patrono principal y se acoge una vez más a su intercesión.

            Demos, pues, gracias a Dios en esta celebración por cuanto recibimos de él por mediación de San Froilán. La Santa Misa, memoria eficaz de la muerte y de la resurrección de Jesucristo, constituye el acto central de la fiesta y el soporte de las bellas tradiciones religiosas y populares de cuño cristiano. Este debe ser un momento de gracia, de indulgencia y de misericordia bajo la dulce mirada de la Virgen del Camino y de San Froilán. Esa misericordia que pedimos para cada uno de nosotros, es también la virtud que debemos practicar hacia los demás. En la misericordia se revela el misterio de Dios y la disposición con la que él viene a nuestro encuentro. Por otra parte la misericordia es la vía que nos une a Dios y al prójimo, una actitud fundamental del corazón de cada persona en relación con el hermano que encuentra en el camino de la vida. Por eso, recibir la misericordia de Dios y ofrecerla es condición para nuestra salvación, como es así mismo fuente de alegría, de confianza y de paz.

No dejemos nunca de poner en práctica las conocidas obras de misericordia, corporales y espirituales. Las conocemos suficientemente, aunque tal como las aprendimos pueden ser formuladas hoy con un lenguaje más actualizado: “Las obras de misericordia, -enseña el Catecismo de la Iglesia Católica-  son acciones caritativas mediante las cuales socorremos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales:Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos. Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; y es también una práctica de justicia que agrada a Dios” (CCE 2447).

            Precisamente estas obras pertenecen a la entraña del mensaje de Jesús y es lo que siempre practicaron los hombres y mujeres que llamamos santos. Más aún, la práctica del amor fraterno es la mejor demostración de la verdad del mensaje que debemos transmitir los cristianos. Así lo sugiere el evangelio que ha sido proclamado hace unos momentos. Se  trata  del mandato misionero de Jesús antes de subir a los cielos: "Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos... y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado". Este encargo que debemos cumplir todos los que nos llamamos cristianos, no consiste solamente en anunciar a Jesucristo de palabra sino también con la verdad de nuestras obras. Esta es la misión que nos ha dejado: cumplir fielmente el mandamiento del amor de manera práctica.  Por eso las obras de misericordia constituyen el mejor testimonio de que creemos en Dios  y somos discípulos de Jesucristo, porque no se puede creer en Dios si no se ama de verdad a los hermanos, si no se les ayuda, si no se les consuela, si no se les acompaña.

            San Froilán, como monje y como obispo, cumplió a la perfección ese mandato evangelizador y concreto. En su época, cuando se estaba consolidando el Reino de León, la labor misionera y pastoral de nuestro Santo contribuyó decisivamente a imprimir un sello genuinamente cristiano a aquella sociedad medieval en la que se forjaron las costumbres y tradiciones que tanto ama nuestro pueblo.  Que su ejemplo nos mueva a todos a ser abiertos, acogedores y misericordiosos. De este modo seremos fieles discípulos de Jesucristo y al mismo tiempo ciudadanos responsables en la tarea de construir un mundo cada día más fraterno y habitable.

                                                           + Julián, Obispo de León

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