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BEATIFICACIÓN DE LAS MÁRTIRES - RELIGIOSAS DE SAN JOSÉ DE GERONA

MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS POR LA BEATIFICACIÓN DE LAS MÁRTIRES DE LAS RELIGIOSAS DE SAN JOSÉ DE GERONA
Domingo XXVI del T.O. –CicloB-  (Parroquiade Santo Toribiode Mogrovejo, 27-IX-2015)

Núm 11, 25-29        Sant 5, 1-6:    Mar 9, 38-42. 46-47         

El pasado día 5 de septiembre fueron beatificadas en la catedral de Gerona tres religiosas mártires de la persecución de 1936, pertenecientes al  Instituto religioso de “San José de Gerona” que tiene aquí en León una comunidad que colabora con esta parroquia de Santo Toribio, y con el hospital de Nuestra Señora de Regla y la residencia de asistidos  “San Juan Pablo II” de nuestra diócesis. Por este motivo, la Misa parroquial de este domingo quiere ser también de acción de gracias por esta beatificación. Mi presencia aquí quiere ser un signo de afecto y de gratitud hacia las actuales hermanas que integran la comunidad recordando también a las que han pasado por ella y hoy trabajan apostólicamente en otros lugares. Reciban, pues, la felicitación de la diócesis y la nuestra.

1. El celo por la causa del Reino de Dios y la apertura de ese Reino

Las lecturas de la palabra de Dios de este domingo nos invitan a ponernos decidida y conscientemente al servicio del Reino de Dios. Así la primera lectura, del AntiguoTestamento, nos presentaba una situación muy semejante a la descrita por el evangelio. Moisés recibió la orden de transferir parte de su carisma, podemos decir, a setenta ancianos para que le ayudasen a instruir y gobernar al pueblo que el Señor le había confiado. Pero dos de ellos no estuvieron presentes en el momento en que Moisés les transmitió el don del Espíritu. Sin embargo, empezaron a profetizar también como los demás ancianos. Entonces Josué pidió a Moisés que aquellos dos dejaran de profetizar. La respuesta de Moisés, “el hombre con más paciencia del mundo”, como dice la propia Sagrada Escritura (Num 12, 3), fue magnífica: “Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el Espíritu del Señor (Num 11, 29). Moisés no estaba celoso porque el Espíritu divino actuase sin contar con él.

        Moisés sabía que el único guía del pueblo era el Señor. Los dirigentes, fueran profetas, o sacerdotes recibían ese don del Espíritu en función del pueblo que se les había encomendado y, si dejaban de cumplir su misión,  intervenía el Señor que nunca abandona a los suyos. Esto habría de suceder también en el futuro, cuando Dios derramase su Espíritu “sobre toda carne”, como anunciaría también el profeta Joel (cf. Jl 2,28) y como se realizó en la Iglesia a partir del acontecimiento de Pentecostés (cf. Hech 2, 1-11 y 16-21).

De este modo se romperían las barreras nacionales de Israel, fundándose un nuevo pueblo de Dios, una comunidad que no tiene ya fronteras delimitadas ni compartimentos estancos. San Pablo lo dejó muy claro: Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”  (Gal 3, 26-28; cf. 1 Cor 12,12-13). Por eso, cuando el Señor afirma en el evangelio: El que no está contra nosotros está a favor nuestro”(Mc 9, 40), nos quiere convencer de que él actúa asimismo fuera de la Iglesia visible, en los hombres de buena voluntad aunque no le conozcan o no le sigan porque han recibido uns formación religiosa insuficiente o carecen de ella. Estos son los “cristianos anónimos”, como se les ha llamado algunas veces, que muestran con sus obras una actitud sana de la que no tienen una conciencia clara.

2. El testimonio de las Religiosas mártires de San José de Gerona

               Esta apertura sincera a los demás, sin hacer juicios acerca de las personas ni restringir su servicio o su testimonio, es también uno de los signos que hacen patente la verdadera santidad en los discípulos de Cristo. Por eso, hoy, debemos sentir admiración y venerar la memoria, al evocar su martirio, de las tres religiosas de San José de Gerona que han sido beatificadas: Sor Fidela Oller, oriunda de Bañolas (Gerona), superiora de la comunidad de Gandía (Valencia), a la que pertenecía también Sor Josefa Monrabal, natural de la propia ciudad gandiense. Ambas fueron asesinadas el 29 de agosto de 1936 en ”La Pedrera” de Gandía. Sor Facunda Margenat, nacida en Gerona, fue asesinada en Barcelona a finales de agosto de 1936. Ellas no estaban en contra de nadie ni de nada. Se dedicaban a su misión caritativa y social según el carisma del Instituto religioso al que pertenecían, en los ámbitos de la salud, la educación y la asistencia geriátrica, llevando a cabo una labor de acompañamiento en la enfermedad, la vejez y la marginalidad.

            El cardenal Ángel Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, al declararlas “bienaventuradas” y autorizar su culto en nombre del Papa -eso significa la beatificación-, dijo lo siguiente: “Las hermanas Fidela, Josefa y Facunda, eran personas buenas... que se habían consagrado a Dios para ayudar al prójimo en sus domicilios y en los hospitales. No hacían el mal, sino solo el bien. No eran una amenaza para nadie. Fueron ejemplares en rezar por la paz y en el perdonar a sus verdugos. La barbarie de los asesinos fue vencida por la caridad de las tres víctimas inocentes. El martirio no se improvisa, ya que antes de su sacrificio supremo las tres religiosas eran ejemplares y auténticas siervas de la caridad de Dios hacia los enfermos (catedral de Gerona, 5-IX-2015).

No cabe duda de que el Espíritu Santo moraba en ellas y, después de una vida religiosa sencillamente ejemplar, les concedió el don de la fortaleza en la persecución, de manera que no solo murieron mártires de Jesucristo, sino que perdonaron a sus verdugos sin pedir venganza. Su testimonio puede ayudarnos a todos y especialmente a sus hermanas del Instituto fundado en 1870 por la sierva de Dios María Gay Tibau, natural de Llagostera (Gerona) y actualmente en proceso de reconocimiento de la santidad, a vivir la fe en todo momento o circunstancia, incluso ante un posible ambiente hostil, como el que se verifica a veces en algunos lugares a causa de la indiferencia religiosa o de la secularización progresiva de las costumbres.

3. Las otras enseñanzas de Jesús en el evangelio de hoy

Pero el evangelio nos ofrece otra hermosa enseñanza de Jesús, la referida al premio que dará a quienes den, al menos, un vaso de agua a un discípulo suyo que tiene sed. De este modo nos manifiesta una manera verdaderamente significativa de lo que puede ser nuestra conducta cristiana poniendo en práctica el amor fraterno sin distinciones de ningún tipo, en apertura a cualquier necesidad. El mismo Señor nos da ejemplo al identificarse hoy con los pobres y los pequeños, los “niños” de los que hablaba ya en el evangelio del pasado domingo (cf. Mc 9,36-37). Por eso, dar a quien lo precisa un vaso de agua o cualquier otra ayuda es como dárselo a Jesús en persona. Esto fue, en definitiva, lo que hicieron durante su existencia consagrada las tres religiosas de San José de Gerona que hoy admiramos como mártires de Cristo.

Pero de esta unión de Cristo con los suyos deriva también una consecuencia no menos importante para nosotros. Se trata del rechazo del escándalo de los “pequeñuelos”, es decir, no solo de los niños sino también de los sencillos y humildes, de los ignorantes (cf. Mc 9,42), porque puede causar un alejamiento de Jesús o de la Iglesia, imposibilitando o haciendo difícil que crean en él o se acerquen a la comunidad eclesial personas débiles en la fe o poco formadas religiosamente, como sucede tan a menudo. Porque el escándalo, el mal ejemplo, puede proceder también de nosotros mismos, sus ministros, sus consagrados y consagradas, sus fieles laicos. No nos sorprenda, pues, ante la gravedad del pecado del escándalo, la dureza de las palabras de Jesús. El evangelista ha recogido unas expresiones verdaderamente fuertes y terribles.

Ciertamente esas palabras no han de ser aplicadas en sentido literal o material, pero sí en su significado espiritual y moral: “Si tu mano te hace caer, córtatela...” (Mc 9,43), quiere decir que es imprescindible dejar las malas acciones que representan, cortar las malas compañías, salir de las situaciones peligrosas para la fe o la vida cristiana. El Señor quiso mostrar así la exigencia y el mérito que entraña su seguimiento. Por lo mismo, ceder en aspectos fundamentales de la fe, de la honestidad, del amor cristiano o del testimonio evangélico, lleva también a la situación desastrosa que denuncia el apóstol Santiago en la segunda lectura con palabras igualmente duras: cuando los ricos abusan de los débiles es como si volviesen a condenar a Jesús, el Justo (Sant 5, 6).

        Queridos hermanos: Confiemos no en nuestras propias fuerzas sino en la gracia y en la ayuda del Señor, que no la escatima a quienes le invocan. Nos ayudará también la intercesión de las nuevas bienaventuradas Fidela Oller, Facunda Margenat y Josefa Monrabal.

+ Julián, Obispo de León

Plaza de Regla, 7 * 24003 León (España)
Telf: 987 21 96 80 - Fax Secret.: 987 26 06 65
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